Sueña la internet con
internet, de Herzog
De Werner Herzog
A sus setentaicuatro años el
director muniqués, Werner Herzog , presenta su documental número catorce. “Lo
and Behold: ensueños de un mundo conectado” es una de esas piezas salidas de
cualquier exposición lógica que apunta más a consolidar la manía del director
de escudriñar la médula de eso que algunos filósofos llaman naturaleza humana y
de la cual, los antropólogos han denigrado como un rótulo determinista. No es una de sus películas mejor logradas, en
algunos casos hasta parece más un juego
megalómano de un hombre acostumbrado a mirar aquellas cosas que la mayoría de la
gente no mira, pero es una digna representante de esas obras realistas que
suele regalarnos el autor, para el cual, la realidad y la ficción no tienen
diferencia. Y es que Herzog es un
director inusual, podría decirse incluso que es un pensador crudo sobre los orígenes
de los sentimientos como la estructura fundamental de la condición humana. Aquí
retorna a su elemento vital, a la documentación de perspectivas sui generis sobre eternos humanos que se
desprenden de los personajes más disímiles y
a los que formula preguntas sorpresivas que arrojan pistas interesantes
sobre individuos y comunidades fuera de lo común.
Esta vez, el tema de fondo es
internet. Pero más que un tema recurrente es una excusa de actualidad para
mostrar el origen, las repercusiones y
el destino universal de las personas en un mundo ya dominado por la
tecnología. Con entrevistas cargadas de interrogantes y con imágenes inusuales,
Herzog, entrevista a un legendario hacker que narrar su vida como un
divertimento. Kevin Mitnick, cuenta sus peripecias al lado de un computador, cuenta cómo pudo burlarse con el simple uso de
la persuasión de compañías cuyos
sistemas de seguridad sobresalen como los más eficaces del mundo. En esa
necesidad de causar daño por el simple placer de hacerlo, se adivinan esos
rasgos de perversidad tan acendrados en la vida de algunos hombres y mujeres,
para los cuales la curiosidad no tiene límites. Así mismo, nos muestra dos
historias escalofriantes por su crudeza; una familia que sufrió la pérdida de
uno de sus integrantes y cuyas imagen
decapitada fue publicada en la red por un inescrupuloso. Esas declaraciones
desnudan los parámetros éticos de personajes que no alcanzan a dimensionar el
dolor real de familiares de víctimas quizá por esa afición virtual tan alejada
de la sensibilidad humana por una serie de abstracciones compartidas por
millones de personas en el mundo entero; una jovencita que pasaba dieciocho
horas diarias al frente de un computador desafiando un videojuego. De ese
estado de alienación ludópata, solo un largo retiro en un centro de rehabilitación,
pudo devolverle las mínimas habilidades de socialización.
Esas historias narradas con un
aire de candor, tienen una fuerte carga de interpelación por sus contenidos.
Allí radica el valor agregado de este documentalista: la capacidad de
entresacar esos contenidos existenciales profundos sobre el ser de la humanidad
a partir de personajes corrientes que se han extraviado de las regularidades
comportamentales.
Pero también, en la obra son
entrevistados connotados científicos, desde los que sentaron las piedras
angulares de la web, hasta los que fabrican robots con avanzados sistemas de
inteligencia artificial que cumplen
actividades atribuibles, hasta ahora, a los seres humanos. Herzog, aludiendo a
Philip Dick. en su obra “Sueñan los androides con ovejas”, entre imágenes
neutrales dentro de los diálogos, pregunta a uno de los entrevistados si
“internet, algún día, será capaz de soñar con internet”. Y con ese interrogante
aparece la crítica más feroz a ese, en otrora
divertimento, y ahora, el principal factor de arrobamiento que tenemos los
hombres en los años que corren. ¿Si las
máquinas han podido desplazar parte de la importancia humana en la vida, cuál
puede ser el futuro que nos espera? Internet es una gran interconexión donde la
virtualidad ha reemplazado la comunicación cara a cara. Como el sueño del
creador, esa criatura soñada alguna vez, ha tomado vida y la ha superpuesto a
los intereses de su padre. El material inicial del que estaba hecho se ha
trocado en una superación de la inteligencia, pero con el paso del tiempo, esos
anhelos filantrópicos se convirtieron en la amenaza más grande para quien fuera
su progenitor. Ese científico abrazado con ese robot blanco recuerda la fusión
de Víctor Frankestein con esa aberración de la ciencia, con la que se sumerge
en el fondo del océano.
“Lo and Behold” es una
continuación no tan afortunada de esa persecución existencial herzoguiana de
desnudar al hombre por medio de la exposición de las decisiones que toma. De
los personajes grandilocuentes que se hallan en sus películas como Fizcarraldo,
Lope de Aguirre o el profeta de su genial
“Corazón de cristal”, el director alemán toma esa sustancial ansiedad de
investigar al hombre. De la sobre
posición a los ambientes hostiles de sus obras más recordadas, subsisten esos
personajes adustos y rebeldes que son atípicos antihéroes. Quizás, aquellas
consideradas por algunos como típicas patologías, sean simplemente la
desviación normal de un conjunto de valores
estatuidos por la razón humana.
Ahora los enanos empezaron
grandes y se han ido reduciendo de tamaño por los afanes de progreso, pero tal
vez, sólo sea una consecuencia inevitable de esa inmensa fatalidad que nos trae
como una pesadilla ese hermoso placer que constituye la curiosidad.

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