La doncella
De Park Chan- Wook
De las obras llenas de vértigo
tan consumidas por los espectadores occidentales, este director surcoreano, se
desmarca con una obra adaptada de la novela de la escritora británica Sarah
Waters que tiene por título “Figersmith”.
Chan-Wook Park viene precedido de títulos como “Simpathy for Mr.
vengeance”, “Oldboy” y “Lady vengeance”, llamada muy publicitariamente, “La trilogía de la venganza”. Recientemente
continuó con sus demostraciones grandilocuentes con la película “Snowpiercer”
una pieza distópica que intenta mostrar
la segregación económica de clases sociales apiñadas en un tren del futuro.
Pero, ahora, por obra de magia, el cineasta coreano aparece con esta obra de
características distintas y hasta diría uno que opuestas a las pretensiones
anteriores.
“Handmaiden” viene rotulada por
una novela que la precede y además con las dificultades propias de las
adaptaciones literarias que deben ceder quizás algunos de sus propósitos
estéticos en aras de facilitar el paso de un género a otro, completamente
distinto. Con todo y eso, el artista
audiovisual ha encontrado la clave para reconfigurar un universo literario por
medio de imágenes cinematográficas, sin perder eso que podría enlazar ambos lenguajes:
la poesía.
Como un culebrón del más puro
estilo mexicano, la historia nos recrea las interrelaciones de cuatro
personajes que por las ambiciones
humanas terminan enredados en un asunto tenebroso. Dos hombres y dos mujeres
con intenciones disímiles pero de uno u otro modo justificables por las
condiciones contextuales que rodean ese ambiente cultural de los años treinta
entre dos mundos: el oriental y el occidental, manipulan la vida de dos mujeres
jóvenes que, entre ellas, terminan desatando la más fuerte de las pasiones.
Esta obsesión es un sello característico de Sarah Waters, pues sus personajes
giran en torno a historias de mujeres que tejen relaciones lésbicas y por las cuales descorren el resto de los
personajes de sus obras. En la obra hay todo
tipo de recreaciones a un submundo que contribuye a que la historia tenga un halo de misterio.
Las prácticas sadomasoquistas se entremezclan con las imágenes más enternecedoras
que un espectador pueda observar en una relación repleta de amor y de odio. Y
por eso la película es una obra valiosa que desnuda las pasiones en toda su
dimensión, exactamente como son en la vida y por la cual las obras estéticas
realmente valen la pena.
En la obra, el director pretende
también mostrar las cuatro historias desde distintas miradas. Cuando alguno de
los personajes cree en las intenciones de alguien, desde la otra mirada ese
otro, está planificando lo contrario. Con esta apuesta audiovisual el director
recurre a una hermenéutica de los personajes que brinda una enorme riqueza a las posibilidades de la historia. No sólo
la narra prolijamente sino que se adentra en los distintos puntos de los
personajes como una posibilidad de ampliar las miradas de los seres humanos. La
dificultad de este propósito multivisor, radica en las exactitudes de raccord
que permiten seguir con precisión la continuidad de las secuencias sin
perjuicio de la comprensión que el espectador
pudiera tener de la obra.
De los retos desprendidos de esta obra
estética, la ambientación lograda por los diseñadores de vestuario y los
directores de arte surge una creación de un estilo atildado y elegante que
recrea perfectamente el contexto que muestra la arquitectura inglesa
retrotraída en contextos coreano-japoneses. A este acierto de los productores,
la elección del reparto es un acicate de buen gusto, pues los actores
constituyen verdaderas estrellas del cine coreano. Además de la experiencia, se
suman actores jóvenes que conocen bien el oficio. Y este detalle, no menor se convierte
en uno de los pilares de la obra, pues
las exigencias contempladas en los papeles requieren de profesionales de la
actuación: Kim Min-Hee, Jung Woo-Ha, Kim Tae-Ri y Jin-Woong Cho. Las escenas
íntimas entre las dos actrices, están cargadas de dificultades por la sensibilidad
estética que el director quería mostrar en varias de las secuencias. Más allá de la historia, una conspiración de
bandidos, hallamos una mirada muy femenina
de un artista que no es
precisamente admirado por este tipo de propuestas. El cuidado de la
piel, el entrelazamiento de las extremidades, las miradas, son todo un canto al amor que, por azares del
destino, no puede realizarse plenamente. “Handmaiden” es una sutil espiración
de un erotismo desbordado que el amor no correspondido permite brevemente.
Chan-Wook Park entra definitivamente en el mundo de los
camaleones cinematográficos. Es capaz de hacer películas de poco valor
estético, puede hacer películas buenas de mucho éxito en taquilla y puede hacer
buenas películas en donde también se siente que camina con gracia. De las piruetas fílmicas de “Oldboy” puede
pasar sin solución de continuidad a una
obra toda virtud como “Handmaiden”. No sólo por su procedencia asiática, el
director se parece en su trayectoria a hombres tan valiosos como Zhang Yimou o
Ang Lee, capaces de desencantarnos hasta el abismo pero también de hacernos
lanzar los más grandes elogios por su buen trabajo.
De lleno, estos artistas ya son
celebridades en el cine de Hollywood, que ya ha extendido sus raíces a todas
las geografías posibles con la costumbre de cooptar a los talentos artísticos, como ha venido
haciéndolo con los directores provenientes de Europa que vienen huyendo de las
conflagraciones.

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