Buenas noches, mami
El cine de género no es
especialmente requerido por el público austriaco debido a una larga tradición
fílmica que exalta las películas de autor. Esta visión particular de
apreciación clásica se debe al gusto por las óperas y los espectáculos de
cámara tan propios de la cultura germana. En esa línea altisonante se destacan
los directores Verónika Franz y Severin Fiala con su nueva obra de género
“Goodnight mommy”(2014), esta vez de ficción, luego de su anterior película
juntos, “Kern”(2012).
“Goodnight mommy” ha pasado por
diversos y numerosos festivales cinematográficos internacionales con muy buenas
críticas por parte del público especializado y aplaudido fervorosamente por el
otro, el que paga la boleta para disfrutar de los nuevos filmes. Las razones por
las cuales esta obra ha ganado en la taquilla y en publicidad son las mismas
que han edificado desde sus inicios, el cine de suspense, para el cual lo imprescindible
radica en el espectador mismo. Los postulados sobre el suspense ofrecidos por
los maestros del género como Hitchcock sobre este tipo de alternativas audiovisuales
buscan impactar en las sensaciones del público, guiando las impresiones que
puedan causarle con las imágenes y adelantándose a sus emociones. No obstante,
la posibilidad de generar en el espectador algo más que un cúmulo de
sentimientos contradictorios no es el único de los objetivos para quienes
cultivan tal género. Las reflexiones aparecen por todos lados debido a la
postulación de símbolos que aparecen en los planos como un universo sugerente
de pensamientos producido por múltiples cuestionamientos.
Desde las primeras imágenes se
ponen los aspectos centrales de la trama. La madre de los gemelos usa vendas
para cubrir las heridas que tiene en el rostro tal como se dice explícitamente
en momentos posteriores del filme. Por su parte, los niños que no admiten
diferencia en sus rasgos físicos y en su comportamiento sienten la opresión de
su madre, quien asume la autoridad en la casa luego de la separación de su esposo y padre de los gemelos. Uno
puede inferir que el cambio súbito de aquella madre deformada por las heridas
crea una impresión en los niños hasta el punto del no-reconocimiento. “Dónde
está nuestra madre”, repiten constantemente, intentando averiguar los motivos
por los cuales no reciben el mismo comportamiento anterior, cuando su padre aún
vivía en casa. Ese extrañamiento recibe ecos de “La metamorfosis” de Kafka. La
visión se altera por parte de uno de los lados mientras el otro solo ha
cambiado un poco por una leve variación anímica que en unos niños susceptibles
parece elevarse a niveles supremos. No
obstante, los directores austriacos sostienen que la idea de la película surgió
luego de ver los famosos “docushows” en los que algunas mujeres son separadas
de sus familias para embellecerlas y presentarlas posteriormente a los suyos
con otro aspecto. Muchos de los hijos de estas mujeres, al ver a sus madres, han reaccionado de modo
violento reclamando la presencia de aquellas.
En la obra fílmica hay una
recurrencia de imágenes en las que sobresale la magnificencia de la casa en la
que transcurren los acontecimientos. Tanto los pasillos como las escalas insinúan
que en algún lugar de aquella vivienda
se está produciendo algo inusual. La violencia es presentada como un conjunto
de incidentes sugeridos por las situaciones previas al acto de violencia
física. En la tortura descansa la dureza del filme, pero no es sólo una
construcción de imágenes hostiles contra el cuerpo de la madre sino que su dureza descansa en los diálogos sobrios
y en los planos bien hilvanados que muestran la relación entre los tres
personajes. Además de esa casa costosa y elegante, los símbolos religiosos
pululan en toda la película. No sólo la figura del sacerdote que traiciona la
confianza de los niños y los regresa a su casa, sino las cruces mostradas en planos
contrapicados y con una bella elaboración compositiva, contribuyen a edificar
un clima simbólico y psicológico apremiante y denso, como una especie de
introducción a las escenas más bizarras de la obra. Así mismo, una fuerte
atracción diabólica se ejerce en los niños por la preeminencia del bosque que
se puede divisar en el viaje que hacen a bordo del automóvil del sacerdote. Ese
clima oscurecido por un paisaje invernal se refleja en el rostro de los gemelos
en cuyas miradas se adivinan cambios
venideros. También, las máscaras anuncian un replanteamiento de la identidad
que se ha perdido por las circunstancias novedosas que determinan las relaciones
entre los personajes. En ellas, habita lo desconocido que da paso a prácticas
intramundanas y permiten el camuflaje de personajes que las portan. Los gemelos
usan estos adminículos “malignos” como una reacción a ese ser extraño que viene
a violentar la vida de esos niños. Finalmente, los gemelos son la representación
de un desorden existente en el universo que se objetiva en lo cercano familiar.
En muchos grupos culturales los seres humanos han confinado a esas
“aberraciones de la naturaleza” a la
segregación social por temor a que se
avecinen sobre las personas calamidades
terribles.
Por último, las actuaciones
funcionan. Susanne Wuest, la madre torturada ofrece una representación acorde
con las necesidades de su personaje. Una mujer atormentada por la reciente
separación y neurotizada por la responsabilidad de controlar el mundo infantil
de sus hijos. Los gemelos, Lukas y Elias Schwarz, cumplen con papeles
convincentes. Los mismos directores cuentan que tuvieron que ser muy
recursivos, utilizando juegos y ofreciendo un clima lúdico para que estos niños
pudieran llevar a cabo semejante
exigencia física y psicológica.

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