Interestelar 


 
Es un hábito ya que las películas de ciencia ficción se valoren por el sensacionalismo que producen los efectos especiales y no por la idea primordial que rige un film de estas características.  Las grandes producciones de la industria cinematográfica convirtieron la tecnología en un fetiche común. Obras como 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick o Stalker de Sergéi Tarkovski siguieron en lo posible la persecución de la esencia que explora un gran libro o una gran idea que, para el cine de Ciencia ficción, no es otra que la proyección del hombre en un futuro que se le presenta demasiado incierto como para agotarlo de una vez  y para siempre en las márgenes del presente. Cuando la tecnología sigue las huellas delineadas por el hombre, un hombre sobrepasado por el peso de su profunda soledad y por el juego de incertidumbres que obsesionan su imaginación, no sólo habrá que seguirla utilizando  con gusto, sino que puede convertirse en una posibilidad de conocimiento de las angustias existenciales más acendradas.

Interestelar  es una de esas películas que para el cinéfilo genera sentimientos encontrados. Por un lado, ese amante del cine se encuentra con una obra fundada en la ciencia misma, el summum que le da vida es una extracción del puro trasegar científico. Por el otro, esa exuberancia de imágenes rítmicamente bien configuradas, se coloca al servicio de los eternos humanos quizás como búsquedas infructuosas pero que, al filo del tiempo, no habrán terminado de atormentar el alma de los hombres.

Christopher Nolan demuestra  nuevamente que el trabajo  al lado de su hermano Jonathan, rinde una vez más resultados sobresalientes. Al margen de las imprecisiones de orden científico, los elementos que se imbrican en la construcción de esta historia logran una trama que seducen al espectador, haciendo que esas tres horas de película no obren negativamente en la atención del público. La inasibilidad del otro, la finitud de la vida particular ante la infinitud del cosmos, el miedo propio frente a la gloria de la especie, la superación del muro del tiempo, la identidad y la identificación humanas, la certidumbre vs la casualidad, son las inquietudes que guían las pretensiones filosóficas de esta historia.

Nolan continúa con esa serie de películas que a través de la ciencia busca encontrar los fundamentos de la existencia del hombre sobre un planeta finito. Pero en esa pretensión tan pragmática se intercalan reflexiones sobre la vida y la muerte. Contacto de Robert Zemeckis había puesto su atención en aspectos como la religión y los lazos filiales que al final terminan siendo melodramáticos pero importantes para  atenuar esa enorme incertidumbre que nos genera la vida. Siempre la ciencia se eleva sobre las demás posibilidades de comprensión como una gran mesías, parece ser  uno de los predicados primordiales de este film.
 


                                     Christopher Nolan
La historia cuenta las posibilidades de hallar vida en otros planetas, cuando el avance de la tecnología pudiese permitirlo. Un agujero de gusano puesto por un alguien para salvar la supervivencia del hombre, dobla el espacio para  abreviar el tiempo en la carrera de la humanidad por encontrar opciones de salvación. Unos cuantos elegidos tienen la misión de avizorar planetas en los cuales la vida pueda albergarse. De los 12 posibles solo quedan dos con las mejores  condiciones para tal fin. A partir de allí, las pasiones humanas, los fantasmas y, la fusión del tiempo y el espacio, completan la película.  

En una historia de estas características, los actores funcionan correctamente en un ritmo narrativo sostenido que va in crescendo hasta que todos los elementos se articulan correctamente. Sin cabos sueltos, el impacto que podría generar una historia de ciencia ficción y un reparto importante, los episodios que construyen el hilo de la trama jalonan los otros aspectos. Quizás, la actuación de Jessica Chastain, resuena como la mejor elaborada. De los otros compañeros de actuación, Michael Caine aparece sobrio, Mathew McConaughey después de su renombrado Oscar, hace un trabajo correcto y Anne Hathaway funciona como una pieza neutra.

Con el tiempo esta película se tornará una de las obras de Ciencia ficción clásicas. El sentido y las significaciones de los acontecimientos dramáticos son el  eje sobre el cual gira el resto del film. Las escenas de acción y los efectos especiales no logran imponerse sobre la idea. La puesta en escena no alberga ningún problema. Interestelar tiene como fortaleza la investigación audiovisual que, al mostrar cómo podrían ser los preparativos y la ejecución de planes que pretendan la búsqueda y el establecimiento de la humanidad sobre otros mundos distintos  a la tierra, ofrece ideas sobre nuestro proceder como humanos ante las dificultades de sobrevivencia futura. Al proyectarse en imágenes la imaginación amplía la mirada mediante la  exploración de nuevos sentidos sobre la propia existencia.

Con una narración lineal el director inglés cuenta una historia compleja. No sólo es un proyecto lucrativo sino que se convierte en un buen pretexto para ahondar en la condición humana. La tecnología camina aparejada del avance que supone el tiempo presente, pero el drama de los seres humanos representada por las imágenes fílmicas, alienta el misterio y progresa en la comprensión de nuestras aspiraciones como especie.
 
 
El cine como representación de la realidad utiliza la tecnología para contar historias. Pero su propósito  complementa los medios de conocimiento tradicionales. Junto al libro, la obra fílmica sigue cumpliendo su misión que, además del entretenimiento, es la generación de  viejos y recientes cuestionamientos sobre la vida.

 

 

 

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