Jersey Boys
La vida de Clint Eastwood no se puede entender plenamente sin la
música. Ya habíamos visto su proclividad por este arte en The bird, una obra en la que se mezclan aspectos de la vida
personal de Charlie Parker con el mundo del espectáculo en el cual se destacó
por la interpretación del saxofón, especialmente. En esta película el director
californiano muestra una vez más su maestría en la construcción de atmósferas. El
cuadro que representa la tragedia de un hombre superdotado para El Jazz es la elevación de las destrezas de uno de
los cineastas más importantes de los Estados Unidos y tal vez del planeta
entero.
Clint Eastwood ha mostrado que el cine es una posibilidad de
sacar del anonimato a personas reales; que sin importar el grado de popularidad, lo que busca es
resaltar una vida sufriente. Los rasgos que destaca no son simples caricaturas
que cumplen un rol funcional sino que el dolor, las frustraciones y las
adversidades comprenden la esencia de seres sobrepasados por sus propias
angustias. La fama es un hecho pasajero detrás de la cual coexiste la
complejidad singularizada por los problemas personales, en muchos casos
causados por el éxito.
Ese tono se
presenta en la película Jersey Boys. La banda musical The Four seasons es mostrada
en varias etapas, desde las más precarias en términos económicos y éticos hasta
sus puntos más altos, en donde sus miembros alcanzaron la cúspide de su carrera
con la composición e interpretación de
canciones que llegaron a las listas más importantes del campo musical
estadounidense. De su carrera,
catapultada por una muy buena producción, el grupo le debe mucho a su
aprendizaje en las calles de New Jersey debido a su contacto con la mafia. De
ese submundo aprendió la importancia de la amistad como un bastión que siempre acompañó
a cada uno de los integrantes y que tuvo además enormes dificultades
económicas. Varios de ellos, incluso, permanecieron algunas temporadas en la
cárcel por delitos menores.
Jersey Boys es
una película que reivindica el papel de los mitos de la industria
cinematográfica de ese país. En el fondo la reactualización de personajes y
grupos importantes en el imaginario social contribuyó al mantenimiento del
pedestal cultural de cual siempre los
“americanos” se vanagloriaron. El capital cultural sigue conservándose por la proliferación de
íconos artísticos cuya reproducción se
produce en uno u otro género estético.
En el cine se representa lo que la música hace. Las estrellas con talento o sin
ellas se encargan de dar vida al espectáculo.
Este filme por
la temática es una obra marca Eastwood. En su narración asistimos al mundo
íntimo de personajes que, ahogados por la publicidad se vuelven esclavos de su
propio éxito. Con esto, las estrellas se quitan el vestido para mostrarnos su
verdadera piel, detrás de la cual habitan sentimientos humanos. Clint Eastwood
es capaz de hacer ver lo que permanece
oscuro, lo que simbólicamente contiene gente con ascensos y descensos. A esos
hombres enaltecidos por el reconocimiento social los pone al alcance de las manos
de un público hábido de encontrar espejos en los cuales reflejarse. Ese es el
caso de Frankie Valli, el vocalista de los Four
seasons, un hombre con una voz privilegiada, alma y nervio del grupo. La
interpretación de este miembro de la banda corre por cuenta de John Lloyd
Young, un actor nobel pero con proyección en el medio cinematográfico de esa
geografía.
Estéticamente
Jersey boys, descubre una elaboración de planos virtuosos. De esos primeros
planos iluminados opacamente por luces tenues, podemos observar toda la
gestualidad del cantante y el acompañamiento íntimo de los otros integrantes del grupo. La amenaza de desintegración de la
banda es mostrada como una consecuencia de los sentimientos de afecto
establecidos entre los músicos. Hay un mundo privado que afecta necesariamente
el buen rumbo del trabajo. No obstante, aquello que la película deja ver como
una especie de ventana indiscreta, queda oculto por el show. De las actuaciones
encontramos a un Christopher Walken que funge como un gangster de rango modesto
pero que conserva un código ético del cual aprenderán los músicos provenientes
de los bajos fondos de una ciudad de El este norteamericano, se presenta como
el intérprete actoral más convincente.
Clint Eastwood
con esta película sigue reinventándose. Demuestra que ningún tema puede ser vedado
para un artista que prioriza su trabajo por encima de la ortodoxia comercial.
No obstante, su convicción de realizar películas autoriales, no deja de lado la
taquilla. Su largo trabajo como actor, director, productor y músico ratifican su independencia. Su estilo se sustenta
en narraciones sólidamente estructuradas, con los tiempos adecuados, con
personajes bien construidos y con una puesta en escena capaz de convertir casi
cualquier guion en una película más que interesante.
Entonces, Jersey
Boys es un paso adelante de uno de los artistas audiovisuales que conoce como
nadie la personalidad de un pueblo orgulloso de sus estrellas. En su cine
encontramos parte del ser estadounidense. Hay una especie de historia cultural
que desde la imagen el director ha sabido edificar con plena conciencia de su papel
como ciudadano “americano”. Clint Eastwood luce como un esteta tonificado por el
paso de los años demostrando con ello que a sus 84 años, todavía tiene su
talento intacto.



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