Un mapa de las estrellas




David Cronenberg es ese tipo de directores que uno ha visto siempre en el cine, no sólo porque ya cuenta con una filmografía de largo tiempo sino porque sus películas impactan, bien sea por los personajes o bien sea por las historias  desquiciadas que lo caracterizan.
 Parece que su trabajo estuviese plegado indefectiblemente a la industria cinematográfica norteamericana, pero, al acercar la mirada  a cada una de sus obras, uno ve que están impregnadas de un tinte de originalidad no fácil de igualar. Varias de sus escenas sorprenden por la caracterización de los individuos que aparecen en sus films, por los argumentos que un espectador ligero podría calificar de poco trascendentes, o por los géneros en los que devienen   y que lo erigen  en un investigador de la condición humana violenta.  A Cronenberg se le pueden endilgar varios de los clásicos cinematográficos de ciencia ficción. Títulos memorables como Scanners, ExistenZ, La Mosca, Rabia, The Dead Zone o Videodrome, hacen parte de una especie de “cine de culto”, que no es otra cosa que la expresión de un trabajo sólido en el mundo del género.  Obras como Naked Lunch o Crash, son francamente inaprensibles por la particularidad de esos films, verdaderas producciones maestras de la historia del cine.
De sus últimos trabajos, Un método peligroso y Cosmópolis se puede decir que hacen parte de la desigualdad que marca su obra. La primera es una adaptación de la novela de Christopher Hampton, The Talking Cure, en donde se despliega la relación establecida entre Sigmund Freud, Carl Jung y la joven paciente trastornada por la histeria, Sabina Spielrein. La segunda, también está basada en una novela, esta vez del escritor newyorkino Don DeLillo y cuenta la monótona existencia de un multimillonario que ve pasar la vida desde su limusina.
Esta vez, su actitud crítica brilla con insistencia al desnudar algunas de las manías desarrolladas entre los miembros del espectáculo que el Star-System ha construido, especialmente en los últimos años con las astronómicas cifras económicas ofrecidas a las estrellas, con el ritmo de vida avivado por la fama, incluso en infantes que no pueden experimentar su niñez como parte del proceso natural de madurez humana. Entre el dinero, la elevación del ego y el ritmo de trabajo vertiginoso, estas superestrellas se olvidan de las cosas más sencillas como el respeto hacia el otro o la construcción de un mundo personal y no traspasado por las determinaciones de seres ajenos que solo buscan el crédito personal. Esta vez, con Maps to the stars, Cronenberg, se convierte en un crítico implacable, usando sus recursos más propios como la violencia, la displicencia y lo patológico del comportamiento humano.

                                  David Cronenberg

El film muestra la compleja relación establecida por dos hermanos, hijos de una escritora de novelas de autoayuda, cuya paciente más renombrada es una actriz de Hollywood que quiere interpretar un papel biográfico sobre su madre. El niño es un actor afamado repleto de soberbia que tiene una aprehensión especial hacia su hermana, una joven esquizofrénica que tiene prácticas pirómanas.
En Maps to the stars  se encuentran trazos de comedia negra, con una mordacidad crítica que quizás, muestra la actitud independiente de Cronenberg frente a la industria cinematográfica de Los Estados Unidos. En varias declaraciones el director canadiense ha dicho que las películas deben conservar el máximo grado de originalidad y en su financiación, el compromiso estatal debe ser una prioridad. En la historia, los personajes parecen víctimas del sistema, su vida es una gran bomba que en algún momento habrá de explotar por el  estiramiento del mundo inflado por productores sin escrúpulos. Esa especie de autoridad que da el reconocimiento publicitario de los grandes estudios y de las grandes marcas, fungen como el combustible que mantiene a Hollywood como una de las industrias más rentables de la economía mundial. El clima de opresión, generado por el espectáculo fílmico, también es un reflejo condicionado de las obsesiones actuales que hacen de la insatisfacción en todos los órdenes de la existencia humana, un lugar propicio para que las enormes dosis que origina el éxito, palien un poco la desgracia de ser famoso. Por ello, Maps to the stars, funciona como un suave retrato que se hunde en las fauces de lo macabro  no obstante la deliciosa levitación que el artificio aplica en seres ya desahuciados por el robo de su vidas.
Los actores lucen especialmente bien. El niño Evan Bird, ya se avecina como uno de los nombres que en un futuro será lanzado como una superestrella. De Mia Wasikowska, iluminan la dulzura y las apariciones de maldad detrás de su belleza parca y que ya se encuentra en los gustos de varios grandes directores como Tim Burton. John Cusack, sigue con su ambigua línea que lo erige como un actor ocasionalmente bueno, pero que borra de un plumazo sus buenas caracterizaciones con las producciones innombrables en las que se introduce. Capítulo destacado es el de Julianne Moore, una actriz nacida en Carolina del Norte, Estados Unidos, en 1960, siempre correcta en sus papeles y en algunas ocasiones sobresaliente, especialmente cuando trabaja con directores que logran extraer de ella su verdadero talento. Su trabajo como actriz decadente aparece creíble, su bipolaridad se transparenta naturalmente como una muestra típica del artista obsesionado con su obra, pero presa en una cárcel habitada por la neurosis.

                                                                            Julianne Moore y Mia Wasikowska

Por último, el mapa de las estrellas,  no es un mapa sino una radiografía de un universo desnaturalizado por la saturación de dinero y fama que muestran fielmente las obsesiones más prolíficas de un mundo lubricado por el éxito económico como el principal baluarte del reconocimiento humano.




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