Omar
El cine como expresión estética
tiene el propósito de mostrar alguna faceta de la realidad. Sus posibilidades
ontológicas le brindan algunos grados de más en ese objetivo, debido
primordialmente al movimiento que en él se produce y que advierte como ningún
otro arte a excepción del teatro, las dimensiones volumétricas, las densidades
y las texturas, rasgos característicos de los seres que habitamos y
configuramos los escenarios del mundo real.
Pero los marcos en los que se
despliegan los contenidos de la realidad también están dados por los fenómenos
de la cultura, en la cual se despliegan
las relaciones humanas, que dicho sea de paso, no tienen una manifestación
directa, sino que se perciben por sus manifestaciones indirectas.
En ese mundo de lo social, las
relaciones políticas se tejen como aspectos centrales de la vida
consuetudinaria de los grupos humanos. En algunos entornos, en algunos
contextos culturales las formas de la conciencia políticas, permean todos y
cada uno de los ámbitos de actuación que el mundo de la vida conlleva. Ese es
el caso de un territorio para el que el conflicto se ha convertido en parte
integrante de su constitución identitaria como Nación.
El Pueblo palestino ha visto como
en los últimos sesenta y cinco años, su tranquilidad se vino al piso, debido a
las promesas imperialistas que llenaron de ambigüedad unas asignaciones para
las que el imperio británico no tenía la más mínima consideración por una
historia milenaria asentada por el uso de la tierra como una garantía de
posesión.
Adam Bakry
De las representaciones
cinematográficas palestinas no se tienen demasiados referentes. No obstante, en
la década anterior, se tiene la noticia de dos importantes películas, ambas
enmarcadas en lo más profundo del conflicto palestino-israelí. Ellas son:
Paradise now (2005) y Omar(2013). Se puede decir que las dos producciones
fílmicas comparten el adentramiento en los dramas de hombres y mujeres para los
que la guerra hace trastabillar todas las actividades de su vida cotidiana. En
la primera se cuenta el proceso por el cual dos jóvenes preparan y llevan a
cabo inmolaciones por la causa política, considerada como un acto heroico por
toda la comunidad. En la segunda, se exploran, entre otros tópicos, la
confianza propia de una amistad establecida entre tres amigos palestinos que
tienen vidas determinadas por el conflicto político, pero que también intentan
construir un mundo privado, con normas, propósitos y la constitución de una
familia como cualquier otra persona en cualquier lugar del mundo. El director
que ha dado vida a tamañas obras es Hany Abu-Assad, de nacionalidad neerlandes,
pero nacido en Nazareth y de orígenes palestinos. Con estas dos obras ya
completa cinco producciones que han venido evolucionando con el correr del
tiempo, especialmente en términos de calidad.
Omar, lo mismo que su película
precedente, fue nominada al premio Oscar en su momento. Quizás este hecho, las ha elevado en notoriedad en el panorama
internacional, siendo premiadas en diferentes festivales fílmicos a lo largo del planeta.
La película podría tranquilamente
compararse en su hilo argumental con cualquiera de las tragedias que han
llenado nuestros gustos literarios, por lo menos desde Sófocles, hasta las
obras más icónicas del teatro shakespeareano.
Y eso habla bien de la obra. Por el marco de los acontecimientos que describen
una guerra fratricida entre un Goliat judío en contra de un David Palestino,
uno ve que los personajes tienen un mundo particular, con características
definidas, lejos de los estereotipos de las películas bélicas, en donde el universo
personal de los combatientes no tiene
ningún realce en el marco de la historia. La confianza se pierde por traiciones
mutuas, no sólo en el ámbito del trabajo común, sino en el amor que comparten
dos de los personajes por la misma mujer. Asimismo, el militar hebreo, a cargo de un reconocido actor palestino
radicado en los Estados Unidos, Waleed F. Zuaiter, desprende un resquicio de
humanidad en algunas escenas del film. Por su parte, Omar, interpretado por
Adam Bakri, desprende altas dosis de ambivalencia o ambigüedad, según como se
mire; entre el amor inacabable por su Patria, su afecto por la mujer que ama y
el comportamiento con sus amigos, encontramos a un ser lleno de conflictos que
deviene en tragedia pero que muestra la ratificación que realiza su veneración
política por su país, invadido por un estado inmensamente superior en lo
militar.
En el film, las persecuciones
agregan unos momentos de intensidad importantes como el de cambiar el ritmo de
la historia. De los instantes de máxima intensidad, producidos por las distintas
tensiones planteadas entre los personajes, se destacan las rencillas entre Omar
y su amigo rival que se disputan la misma mujer, o la de Omar con el militar
judío que intenta corromper su determinación con el fin de que traicione a sus compatriotas.
Hany Abu-Assad
La película es una aproximación,
desde las relaciones del día a día,
aquellas que se establecen entre hombres de carne y hueso, cuyos sentimientos
de amor, odio, tristeza y miedo, le dan un tinte más creíble a este tipo de producciones en donde la
guerra se convierte en el marco de referencia. De la abstracción de los afectados,
de los combatientes, de los padres, madres, hijos e hijas que componen las
familias de las víctimas de la población, enfrascados de uno u otro modo en el
conflicto, advertimos la plena extensión de lo humano. La realidad aquí es
desplegada por un contexto polarizado, en donde la lucha por un territorio,
establece los tonos característicos de los otros aspectos de la vida palestina.



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