El paseo 3. La
primera trilogía del cine colombiano.
El paseo 3 no tiene ningún valor estético.
Su productor y guionista es un hombre que ya cuenta con al menos diecisiete películas, entre las que ha
dirigido o ha coadyuvado a realizar,
bien sea como productor o bien sea como escritor. De cualquier modo, en cada
una de ellas se encuentra impresa la marca “Dago” García. Increíblemente, sus
productos siempre generan el dinero suficiente para producir su siguiente proyecto.
Hasta ahora, cada 25 de diciembre encontramos en las carteleras de nuestras
raquíticas exhibidoras cinematográficas una película del director nacido en Bogotá un 11 de febrero de 1962.
Con esta última producción, tenemos por primera vez una trilogía
cinematográfica.
La película es un retrato algo
difuso de lo que significa para las familias colombianas el tan anunciado paseo
de vacaciones. La Costa Atlántica se convierte así en el destino favorito de
las personas en nuestro país. Por ningún lado aparecen lugares turísticos de
menos promoción pero con iguales posibilidades de visita. En un paseo, los
miembros del núcleo familiar tienen la posibilidad de reunirse, luego de un año
lleno de obligaciones en las que el dinero no abunda, y para el que se realizan
miles de acciones intrépidas con el fin de obtenerlo. No obstante, casi siempre
el padre ahorra lo suficiente para hacer posible ese anhelado sueño. El paseo no
es tan sólo una experiencia novedosa, sino la oportunidad de integración cuando
el trabajo del año calendario no permite que las familias colombianas, las de
casi cualquier estrato, hagan posible esa promesa por tanto tiempo postergada.
Por cierto que las responsabilidades en su mayoría recaen en la cabeza de hogar, en muchas ocasiones,
maquillando las limitaciones económicas con un poco de afecto ya gastado por su
presencia como figura de autoridad.
Esa visión paradisiaca de nuestra
geografía nacional es la excusa perfecta para paliar un poco nuestro
remordimiento por el escaso conocimiento de lo que sería el país. Como
sentimiento nacional, Colombia es una abstracción que de vez en cuando se matiza cuando alcanzamos ciertos lugares
turísticos. La deuda con el territorio se paga un poco con el tan sonado paseo
familiar.
En la película se requiere un
ejercicio de exégesis profundo para encontrar aquellas pistas de los
comportamientos propios de nuestras familias. El paseo 3 es un conjunto de secuencias
sueltas que no parece tener el más mínimo hilo conductor en términos visuales. Dichas
secuencias parecen instantáneas que se han unido arbitrariamente en el montaje
para crear la sensación en el espectador, de que realmente estamos frente a una
historia. Si la idea es hacer reír a los asistentes a las salas de cine, creo que las escenas no
alcanzan siquiera a generar las risas que ciertas películas, incluso de mala
calidad, pueden despertar.
A veces en el humor es válido
realizar mezclas de cosas que no tendrían ninguna clase de relación. El
bricolaje es un procedimiento aplicable. No obstante, cuando ni siquiera el
propósito de una comedia se cumple, que es el de causar algunas sonrisas, las
obras ya no tendrían ninguna justificación.
Lo que se alcanza a apreciar es que el propósito de la obra es completar
una trilogía, quizás como una proeza para las deficiencias del medio.
Pero la simple acumulación de
trabajo no da para estar al frente de una buena obra. Sería importante que se
piense primero en la elaboración de unos buenos filmes, que se integre a la industria cinematográfica, dando la
oportunidad de mostrarse a los que pueden o a los que vienen del medio, sin
embargo, el precio que se debe
pagar es simplemente la pauperización de
la calidad fílmica a la que está sujeta nuestra cinematografía.
Uno ve que algunas cosas se hacen
bien. Por ejemplo, la escogencia de actores que con un mejor guion y unas
mejores exigencias interpretativas podrían
funcionar mejor. No creo que los actores colombianos sean per se malos, no obstante toda la
parafernalia que podría ofrecerles posibilidades
serias de trabajo, incluyendo su capacidad de desarrollo histriónico, se
convierte en cómplice verdadera de su desperdicio actoral. O la capacidad de financiación, que pasa por una muy buena promoción de estas
películas, es un aspecto central de crecimiento para una industria que se eleva
de manera desigual. En tanto algunos realizadores marginales, por su talento
particular, encuentran fortuna por la
consecución de patrocinios importantes, algunos hombres cuentan con los
recursos y los contactos eficientes de
tal modo que se hace menos difícil sacar adelante sus proyectos.
Por su parte la producción
técnica, la modernización de los equipos, el personal que se ocupa de manejarlos,
la contemporaneidad de las tomas y de algunos ángulos, muestran que es
importante trabajar en ese aspecto. No sólo
hay que contar con artistas que puedan expresar estéticamente buenas
ideas sino que las ideas deben
expresarse de cierto modo, con la tecnología necesaria que de algún modo
se pueda alinear con los gustos del gran público. Es necesario enfatizar esa
relación. A los espectadores se les puede ofrecer productos de buena calidad,
filmes que lleven impresos sentimientos
subjetivos, ideas relevantes, creencias, ideales políticos, ideología, etc.,
sino que se debe contar con los avances técnicos y el personal calificado que acaben
por conformar una buena obra que al mismo tiempo se pueda disfrutar
estéticamente y complacer a un público hábido de novedades.
No basta con modernizar los equipos, sino hay
buenas historias para contar. No basta con dinero, se necesita talento si
queremos un cine de buena calidad.



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