Temporada para matar, una simple vendetta

Una temporada para matar (2013)

El cine se ha tornado uno de los medios favoritos para recordar hechos recientes, que por su novedad aun permanecen en la nebulosa de la conciencia humana. Acontecimientos catastróficos como la Tormenta del desierto, o el genocidio de Ruanda empiezan hoy a mostrarse en la pantalla grande, dos décadas después de que se hubieran presentado. Es como si las películas ocuparan el lugar que los libros de historia o las novelas históricas tuvieron en algún momento.
Hace apenas dieciocho años que la última guerra de los Balcanes finalizó. La confrontación fratricida entre las distintas etnias, los grupos religiosos (musulmanes, ortodoxos y católicos) y los sectores políticos, con la colaboración de fuerzas multinacionales como la ONU,  hizo recordar a  la humanidad que la guerra es una práctica permanente y que, en territorios tan diversos, es posible que los odios se exacerben hasta el exterminio físico y moral del otro.
En la guerra  de Yugoslavia, iniciada en 1990 y terminada en 1995, el mayor foco de ensañamiento se presentó entre los serbios y los bosnios, fundamentalmente, aunque la población de los grupos religiosos y étnicos estuvo entremezclada en distintos territorios a tal punto que la confrontación se disputó entre facciones con ejércitos combinados de uno y otro bando. En esa telaraña bélica, la población civil fue acribillada por uno y otro sector, trayendo como resultado genocidios famosos como el de Srebrenica en el que murieron  8300 personas aproximadamente. En aquellos hechos, los escorpiones serbios, una especie de grupo élite emprendió una campaña de eliminación contra personas del bando bosnio.
Killing Season o   Temporada para matar  es un film que basa su historia en esos acontecimientos. Un ex militar del ejército serbiobosnio (John Travolta), perteneciente a los escorpiones, resulta ileso de una ejecución infligida por militares de las fuerzas multinacionales de la ONU y años después averigua quien fue el soldado que le disparó (Robert De Niro) y emprende tras ello una persecución en los Estados Unidos para vengarse de aquellos sucesos dolorosos. La película es: solo una vendetta.

                            Robert De Niro y John Travolta

Protagonizada por dos actores reconocidos en el medio publicitario como Robert De Niro y John Travolta, la película se convierte en la historia de una persecución que intenta brindar algunas enseñanzas sobre lo terrible de la guerra, pero lo que consigue es apenas una triste caricatura de un conflicto tan complejo como el acontecido en los Balcanes durante esos aciagos años. Es como si la guerra permaneciera en la mente y en el corazón de los soldados y de las víctimas sin que la memoria y el olvido hayan podido reconciliar  el dolor de las muertes ofrecidas en sacrificio a una comunidad mundial que veía con resignación los estragos de belicismos que apenas lograba adivinar detrás de las imágenes de noticiarios des-informadores de los grandes canales internacionales.
Y como un film de persecución cada uno de los tramos en los que se divide la película  cojea mostrando personajes que tienen una vida propia, pero aterrados del mundo exterior por los recuerdos empotrados en la memoria como si fuesen un puñal, hecho especialmente rebelado en los fugaces flashback que se pasean en algunos momentos del film. Las escenas de acción no son lo suficientemente convincentes. Al militar serbio interpretado por Travolta, se le muestra implacable y en el momento final, cuando se encuentra vencido exuda un aire de fraternidad, con lo cual el director justifica un poco los motivos que impulsaron al serbio a las matanzas perpetradas en su territorio.
El director Mark Steven Johnson es el autor de dos producciones basadas en comics. Ghost rider y Daredevil, por lo demás no encontramos películas de su autoría que valga la pena resaltar bien sea por su éxito comercial o por su calidad. Con este film dirige a dos de las estrellas más renombradas del cine actual y parece que puede ser su  última oportunidad  de permanecer vigente como director, puesto que su trabajo demuestra un descenso  que quizás lo entierre para siempre en las fosas del universo cinematográfico.
Robert De Niro, un actor que inicia trabajos  con Brian De Palma y luego es reconocido sobre todo por su trabajo con Martin Scorsese, realiza un papel que desluce su larga e importante trayectoria como actor selectivo, que ve en cada personaje una posibilidad de explorar aspectos esenciales del alma humana, que en su profesionalismo se puede hallar al actor del método, pero  ha preferido el dinero y el envilecimiento con personajes flojos que no aportan nada más a su carrera. Por el otro lado, John Travolta, un hombre que viene del teatro, luego de su reencauche por parte de Tarantino, no ha vuelto a interpretar papeles que pudieran confirmar las posibilidades histriónicas que tiene; por el contrario sus papeles, cada vez más estereotipados, cada vez más planos y cada vez más insulsos, desdicen de él y lo clasifican dentro los buenos actores que prefieren quedarse en la retina del público interpretando malos papeles con el fin de no perder vigencia.

                                     John Travolta


Temporada para matar, entonces, resulta un mal intento de dejar algunas moralejas sobre la guerra. Un tema tan complejo, tan potente y tan oportuno, es desvalorizado bajo el lente de los productores estadounidenses, que desperdician la oportunidad de tener otros referentes que remuevan las fibras sensibles y alerten  a la conciencia individual y colectiva sobre las amenazas que los conflictos territoriales, religiosos y étnicos están gestándose a lo largo y ancho del planeta. Mientras la única mirada  cinematográfica que se tenga sobre la guerra o las guerras sea la que nos brinda el cine de los Estados Unidos, seguiremos pensando que el conflicto sólo tiene sentido  si se mira desde afuera, sin entender las causas reales que le dan vida.

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