Grandes actores, Bruno Ganz


Bruno Ganz en  El cielo sobre Berlín

Desde el año 1976, Bruno Ganz  inicia su trabajo conjunto con el director alemán Win Wenders. Sus obras, constituyen películas que pueden mostrarse como una declaración filosófica sobre el mundo. En las historias narradas no sólo habitan personajes con una profundidad psicológica indudable, sino que las imágenes, siempre bien compuestas, nos sugieren algo más. Una desgarradora impresión existencial que habla por boca de individuos afectados por las condiciones del mundo moderno. Ese carácter alemán o como quiera llamársele, esa personalidad social, para  seguir a algunos psicoanalistas, parece  objetivarse en los rostros  desencajados de los hombres y las mujeres que no parecen felices y, además, no existirían  motivos suficientes para  considerar la existencia cotidiana como algo digno de alegría. 
El actor suizo  ha sabido  interpretar a los personajes de Wenders. No es sólo su talento particular como actor, no sólo es su seriedad en la pantalla, sino la calidez que puede despertar en  individuos que caracteriza por sus difíciles condiciones de vida. El Cielo sobre Berlín, película de 1987 que revela ese eterno vacío entre la vida y la muerte o mejor entre la vida y la inmortalidad, es una obra investigativa. Cada movimiento, cada plano, cada palabra son píldoras de gran acidez. Los personajes siempre están buscando las causas de tanta insatisfacción. Esa soledad que sobresalta, que inquieta y que no ofrece salidas a la incertidumbre, se erige en una marca de identidad tanto del actor como del director mencionados. La historia nos lleva por aquella odisea de un personaje sobrehumano, un ser mitad divino, mitad humano que  desea experimentar con otra dimensión: el universo de los seres que sienten en el cuerpo cosas que ya, en el mundo de arriba, no es posible sentir.  Al  sangrar, al enamorarse, al desarrollar la conciencia de la presencia del otro como juez que juzga la indumentaria, ese dolor  nuevo, antes  no presente, se torna una carga difícil de llevar. Es como si del Jardín de Edén se escapara a la suprema bondad para refugiarse en el mundo de los hombres para vivir entre ellos, para sentir a su lado todo ese caudal de sensaciones nuevas que causa el sufrimiento. El ángel se entremezcla en un lugar al cual no pertenece. Ha nacido a la luz en medio de la oscuridad y esa es la tremenda experiencia de su saga, Tan lejos tan cerca, película del año 1993, en donde Ganz aparece para compartir  trabajo con Otto Sander, Natassja Kinski y William Defoe, un reparto  formidable, actuando juntos en una de los films más introspectivos, más reflexivos y de más honduras filosóficas que pudiera encontrase sobre la tierra.

                                          

La eternidad y un día de Theo Angelopoulos


En sus trabajos hallamos una versatilidad dentro del equilibrio. La personalidad del autor se trasluce en sus personajes. Su aplomo viene a la palestra en obras eximias y de gran exuberancia audiovisual como La eternidad y un día, el film del recientemente fallecido, Theodorus Angelopoulos, un director griego tan grande como cualquiera de los más grandes autores contemporáneos en términos cinematográficos.  Esta película refleja la calidez, la soledad y los recuerdos como temas centrales. Es la añoranza de la infancia que viene a la memoria del presente como un punzón que no tiene orificio de salida. Bruno Ganz está fabuloso. Su actuación sencilla, pero cargada de credibilidad, enternece por las relaciones filiales que entabla como  el cariño y la nostalgia que siente por el niño albanés que debe ganarse la vida limpiando vidrios de carros en las calles griegas. Este film es una reflexión íntima sobre el tiempo, sobre los años idos y sobre los despojos en los que quedamos convertidos los hombres ante el paso del tiempo. “Cuánto dura la vida, pregunta alguien… la eternidad y un día, responde otro”. Titulo que sintetiza toda la película.

 Y no podemos dejar de hablar de su película más conocida: La caída o El hundimiento, de 1994, dirigida por Oliver  Hirschbiegel y basada en una  obra denominada El hundimiento: Hitler y el final del tercer reich. La obra se fundamenta en las memorias escritas por la secretaria personal del Fuhrer, Traudl Junge. La caída,  muestra los últimos días de Hitler en su bunker, mientras las fuerzas militares alemanas resistían los ataques de las fuerzas aliadas y pese a la inminente derrota, el optimismo por obtener la victoria seguía intacto por parte del Canciller alemán. Más que una obra histórica, lo que se muestra es el drama de un hombre, que a pesar de ser joven se siente derruido por el peso del poder que siempre le fue favorable. La pléyade de elogios  a la que estuvo expuesto pareció convertirse en su peor enemiga.
Para los alemanes de hoy el episodio de la Alemania nacionalsocialista  pesa como una carga  que se erige en la memoria de la que no es posible sobreponerse. Parece como si la grandeza histórica, como si la música, la literatura, la mitología y todas aquellas formas de la conciencia germana se viesen oscurecidas por los acontecimientos ocurridos en esos años de guerra.
                                       



                            El hundimiento  de Oliver Hirschbiegel

Bruno Ganz, es un actor de origen suizo. Su figura es alemana por todos lados. Su  profesionalismo que lo ha desplegado  con suficiencia en más de cuarenta películas se ha visto recompensado por los trabajos al lado de grandes directores como Wenders, Rohmer, Angelopolus, Moreau, etc. A sus 72 años sigue trabajando. En cada interpretación, deja una larga esquela que se desliza por los aires como una serie de huellas que reconocen los mejores artistas audiovisuales como inigualable. Cada aparición  en un plano, en una secuencia, en una película completa es una clase de actuación que los nuevos estudiantes deberían considerar en su formación.


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