Soy Cuba, una
película olvidada.
A menudo sucede que la política
se pone por encima del arte. No por ello, las producciones artísticas que se
desarrollan bajo un regimen político deban descartarse y haya que acusárselas de
simples “panfletos” sobre las cuales no vale la pena construir el más mínimo juicio. Ese es el
caso de una película olvidada ya, luego de cincuenta años de haberse realizado.
Hablamos de Soy Cuba de Mikhail
Kalatozov.
Corría la década del sesenta del
siglo XX. En el ambiente todavía pervive el espíritu de Joseph Stalin, quien
marcó para los soviéticos un hito, dejando en franco desarrollo a esa nación mientras
era asediada por las potencias capitalistas que buscaron todos los medios
posibles para desestabilizar una alternativa distinta a las que dominaron hasta
ese momento el panorama mundial. Nikita Kruschev abría el espectro para los
realizadores cinematográficos de su país, luego de una serie ininterrumpida de
producciones fílmicas que priorizaron las imágenes realistas como una forma de
contribuir a la difusión del sistema de gobierno vigente.
La película, estrenada en el año
1964, surge como el producto de una coalición entre los Estados soviético y
cubano para celebrar la entronización del nuevo orden y conmemorar el
advenimiento de Fidel Castro en el poder, unos años atrás. Si bien sus intenciones tienen una clara connotación
ideológica, su elaboración es un despliegue de formas que deslumbran y que
construyen imágenes de una sutileza dignas de cualquier artista. Por su calidad
estética, podemos decir, sin temor a equivocaciones que estamos frente a una
obra maestra del cine. Pese a ello, el film estuvo olvidado durante treinta
años hasta que el escritor Cabrera Infante por un lado y los cineastas Martin
Scorsese y Francis Ford Coppola, por el otro, deciden rescatarla para el mundo
del cine, acostumbrado ya a marginar obras como ésta.
Mikhail Kalotozov
Soy Cuba s una película que cuenta cuatro historias, todas ellas
con motivos político-sociales que hacen parte de la entraña de la Revolución
castrista, pero que son recurrentes por la historia de la isla, siempre maltratada
por las ambiciones de poder de unos y otros que han usufrutuado los símbolos
nacionalistas, tras de los cuales, se esconden los campesinos cañeros, las
prostitutas, los obreros y en general,
los habitantes civiles manoseados por líderes alejados de las necesidades de la
gente. La primera historia corresponde a los padecimientos de las prostitutas
que venden su compañía a turistas
extranjeros que sólo muestran su dinero para satisfacer sus deseos
lujuriosos en detrimento de mujeres
pobres que quizás no tienen otra opción. La segunda, muestra tres campesinos, el padre y su dos hijos, que
cultivan la caña en una tierra que no
les pertenece y a la que deciden prender
fuego ante la amenaza de expropiación de la United
Fruit Company.La tercera historia cuenta la protesta de estudiantes que se organizan
para difundir las ideas de la Revolución, pero que son reprimidos sistemáticamente
por los militares cubanos. Finalmente,
vemos el drama de una familia campesina, cuyo padre toma la decisión de tomar
las armas a favor de los insurgentes frente a las amenazas de muerte que lanzan
los militares del regimen de derecha.
En la película, los
planos-secuencia son modernos, largos, pletóricos de movimiento y provistos de
una creatividad y un grado de dificultad que aún hoy sorprenden por su
frescura. Uno de ellos, el segundo, muestra a un hombre sobre una canoa que se
desliza por un pequeño río hasta un conjunto de casas unidas por una tabla. En
ese momento se corta y la cámara se adentra
en una fiesta celebrada en la terraza de un edificio, descendiendo luego
en un ascensor, hasta un nivel inferior donde se encuentra una piscina, para sumergirse
completamente como si fuese un personaje más. En otro de ellos, la cámara se introduce
en una multitud que lleva sobre sus brazos a un ataúd, posteriormente, sube por
las paredes de un edificio, se desplaza por un salón en donde algunos trabajadores envuelven
tabaco, para moverse en travelling hacia
adelante, en pleno vacío, entre dos edificios habitados por personas que
aplauden el paso del hombre muerto por los soldados. En general, dadas las
condiciones técnicas de la época, la película aporta aspectos que más adelante
serán utilizados por los directores de cámara, incluidos los de la Nueva ola
francesa.
Su director, Mihail Kalatozov, un
georgiano nacido en 1903 y muerto en 1973, fue un director, actor y montador de
cine, rompe con esos dramas planos de corte panfletario para mostrar historias
de personajes sencillos, que padecen las consecuencias adversas de la guerra.
Entre otras, dos de sus películas ya son grandes obras. Cuando pasan las cigüeñas, es un film que obtuvo la Palma de oro de
Cannes en el año 1957. Nos habla de dos jóvenes que deben separarse
precisamente por la Segunda guerra mundial. Sus imágenes contienen travellings
y grúas de una audacia novedosa para ese momento. Asimismo, La carta que nunca fue enviada, describe
la historia de un grupo de geólogos enviados a Siberia para buscar diamantes.
La película es un gran ejemplo de las aptitudes estéticas de este creador
soviético.
Entonces, Soy Cuba, aparece como una obra contemporánea, realizada por un autor
con un estilo propio, que lamentablemente fue olvidado por cuestiones políticas
pero que permanece vivo, por la belleza de su estética, por el vértigo de las
cámaras, por el atrevimiento técnico y la coherencia de sus historias. Kalatozov
aun hoy nos deslumbra. La política y el poder no pueden oscurecer el arte,
porque el compromiso más importante de un director de cine no reside en el
respaldo o no a un regimen, sino en la defensa de su regimen personal en el que
el trabajo artístico predomina por encima de todo.
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