Los que se quedan, de
Alexánder Payne
Ya es un modelo recurrente de
películas aquellas en las que algún personaje rezonga, y al mismo tiempo puede ofrecer
unas enormes dosis de ternura, en medio de su mal humor. Y así como se gana la animadversión de muchos
también cautiva a unos cuantos, porque entienden éstos que su nobleza de
espíritu sobrepasa las actitudes despectivas, las palabras hirientes, los
comentarios desproporcionados. Son seres solitarios celosos de no inmiscuir a
alguien en su espacio vital, con el fin de perfeccionar lo que hacen. A menudo
tienen una opinión de todo porque cultivan el hábito de criticarlo todo,
siempre con humor negro que provoca unas cuantas sonrisas en los espectadores.
Su ingenio para crear una barrera detrás de la cual se esconde un individuo
vulnerable que ha hecho de su imagen algo insufrible, pero al cual no le
importa en lo más mínimo lo que puedan pensar los otros de él, es tal vez, su
mejor cualidad. Tamaña autosuficiencia es el fruto de un esfuerzo denodado para
forjar un carácter tesonero, capaz de juzgar al otro con un solo vuelo o una
sola mirada. En el fondo, su conocimiento del alma humana es certero, pero
insuficiente puesto que su falta de sociabilidad o su asocialidad total, los ha
hecho torpes, como para no entender ciertos códigos que tejen las personas,
gracias a esa inteligencia emocional de la cual los anteriores carecen.
Recordemos personajes como Melvin
Udall, de “Mejor imposible”, Walt Kowalski, de “El gran Torino” o el señor Otto,
de “A man called Otto”.
Ahora, el director
estadounidense, Alexánder Payne, nos trae a este personaje inolvidable, interpretado
por el gran Paul Giamatti: Paul Hunham. Es un maestro de preparatoria que es
obligado a cuidar a unos pocos estudiantes en las vacaciones de invierno, como
favor o tal vez como castigo, por parte del director, quien además fue alumno
suyo hace ya muchos años. El profesor tiene una vasta
erudición que contrasta con la modorra de los estudiantes para aprender fechas
y acontecimientos históricos. Uno de sus alumnos es un joven al cual, su madre
lo mantiene alejado para pasar el tiempo con su nuevo esposo. Angus, interpretado por la joven promesa de
la actuación, Dominic Sessa, debe levantarse temprano para estudiar y soportar
los comentarios hirientes del señor Hunham. En ese encuentro de soledades,
experimentan algunas experiencias que revelan las similitudes entre dos
personas de diferentes edades que han sido apartados por la misma sociedad.
“Los que se quedan” es una narración
amena que en ningún momento se cae, por el contrario, nos va llenando de
expectativas en la serie de hechos que van develando los más escondidos sentimientos
y las menos improbable ideas de dos hombres que luchan por perseverar en
mantener sus personalidades, sin poder ocultar las desavenencias con el mundo,
mientras las palabras sabias de Mary Lamb, interpretada por Da´Vine Joy
Randolph, conmueven porque están cargadas de sabiduría sufrida por las circunstancias
que ha sobrellevado “una mujer de color” y que ha perdido a su hijo en la
guerra y que debe preparar los alimentos de todos los estudiantes de esa
preparatoria, en la cual, habitan niños ricos durante el año escolar. Las poderosas
actuaciones de los dos personajes principales, mantienen la atención, nos
llevan como público a descubrir los motivos por los cuales las personas son
así. Como instrumento diagnóstico para comprender los comportamientos díscolos
nos permite descartar la manía de juzgar a los otros por sus actitudes o por
sus rasgos de personalidad. De cada uno se pueden extractar razones para
quererlos y motivos suficientes para ponerse de su lado ante ciertas
circunstancias. Ese es el caso del señor
Hunham, que fiel a sus conocimientos y a sus principios éticos, puede defenderlos
hasta el final, sin más problema que el de admitir algo que no fue. En ese
enorme destello de amor, aflora la ternura del solitario malhumorado que vomita
expresiones oscuras para con los otros. Detrás de su trabajo, y de su
dedicación, tiene un buen criterio para proceder en el ámbito académico. Pero sus
determinaciones no son amargas sino secas y duras porque está convencido de que
lo que hace está bien. Frente al chico, entiende que su abandono es igual al
suyo, con la diferencia de que aquel es más sincero con los sentimientos que
expresa, más frágil ante las personas que quiere. El profesor, lejos de seguir esgrimiendo su
dura caparazón, demuestra su generosidad regalando libros, citando historias y
utilizando su erudición para enseñar algo.
La maestría del director radica
en contarnos una historia que ya hemos visto, en diferentes películas, pero
aquí situada y escenificada por dos grandes personajes, soportado por dos
grandes actores, quienes construyen vidas diametralmente opuestas en el
exterior, pero llenos del otro. El clima interior de aquellos se eleva con el frío
de la nieve que envuelve todo el edificio de la preparatoria, donde los estudiantes
escasean, donde los murmullos de los pensamientos y de las palabras expresadas
palpitan algún sentimiento. Entre la tristeza de la señora Mary y la soledad
del claustro se tejen buenas intenciones que van generando un poco de abrigo en
ese gélido panorama vacacional.
“Los que se quedan” es una
película poderosa, sólida en sus escenas, vertiginosa en su ritmo que nos va
describiendo la psicología de los personajes sin tremendismos, sino que va
hilvanando los acontecimientos con las reacciones propias de aquellos.
Alexánder Payne, ratifica con esta obra cinematográfica que es un autor, que es
un excelente narrador que seguirá seduciéndonos con sus películas escuetas y a
la vez prolíficas.
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