Subir el candelabro

Dalisur99@yahoo.com.mx

Jorge Abel Carmona Morales

De Ari Aster

“Beau tiene miedo” es una de esas películas que conmueven sin más. Su delicada textura está tejida para quienes amamos el cine, para cientos de miles de espectadores en el mundo entero que nos vemos retratados en aquellas imágenes que nos reflejan y no dejan espacio para pensar demasiado o dejándolo, ese manojo de pensamientos acumulados a fuerza de vivir, se convierten en sensaciones que pueden llegar a trastornar nuestra cotidianeidad. Su director, es un joven artista de 37 años que ha llegado a la escena cinematográfica para quedarse. Ari Aster nos ha dejado una obra fílmica sobresaliente, hecha sólo para Joaquín Phoenix, uno de los actores más expresivos de esta generación de buenos actores, y con ella, ha plasmado su talento histriónico para la posteridad.

Beau es un hombre de 42 años, una personita de 10, un anciano de 75. Es la evolución de un ser humano que se construye todos los días, dejando en cada momento una estela de sufrimientos cuyos orígenes se pueden encontrar sólo en la historia de vida que ha padecido, sin derecho a la legítima defensa. Y es que su vida es una telaraña de acontecimientos relacionales, entramadas por las distintas personas que pasaron por su vida y su potencia, no ha terminado de extinguirse a pesar del anhelo ferviente de aquel hombre por zafarse del dolor. Y aunque pareciera que estamos frente a una parodia, el director nos deja clara la impronta trágica de Beau, por sus afecciones, y de los otros, su madre, su esposa, sus hijos, su padre, que se atrevieron a infligirle semejantes heridas. Todos ellos, llevan en el lomo, el remordimiento de tener un vínculo con él, de tener que romperle el alma, como si el destino les hubiera puesto tamaña fatalidad.

La madre es una fábrica de reproches, cobra sus afectos hacia él con palabras insultantes que remueven los odios, las alegrías contenidas, los oprobios hacia su hijo, llevando dentro de sí una carga de obligaciones a un hombre que no tiene más sentimientos que su propio desgarramiento, sin treguas, sin ocasiones para reconciliaciones o manifestaciones de afecto entre ambos. Su rostro se muestra con más énfasis en la última parte de esta película de   casi 3 horas de duración. Su fantasma o su proyección onírica, aparece como un monstruo que se infiltra en el mundo anímico de Beau, quien toma pastillas prescritas por un psiquiatra que también se muestra parte de esta confabulación. Su esquizofrenia, el director se esfuerza por dejarla clara, es causante de este mar de sensaciones por las que atraviesa el personaje. Pero esto no es tan importante como las circunstancias que determinan o que condicionan el estado mental de Beau. El autor de esta obra, usa las pastillas como una excusa, para darle un halo de bipolaridad a la historia, pero su principal propósito es ofrecer salidas razonables a las alucinaciones de modo que es irremediable para los espectadores ponerse de parte del personaje. Su madre, es una máquina de fustigaciones, su maltrato psicológico hacia su hijo es un modelo del papel que todas las mujeres representan para los hombres y mujeres que llevamos la carga de no saber si hemos logrado pasar esas etapas iniciales con éxito, de nuestros lazos obligatorios con los padres.

El padre es un hombre ausente, su figura permanece en la memoria de Beau, sin conectarse demasiado con ese recuerdo. Y él como padre, es una víctima de las circunstancias. Las hermosas imágenes animadas que nos cuentan la historia de un hombre viejo que ha sido presa de la ley, embellecen esta obra. Es una pequeña película dentro de esta maravillosa construcción de una obra de teatro que se va bifurcando cada vez. Las confusiones repetitivitas de realidad y ficción, hacen parte de nuestra capacidad humana de recrear, de crear guiones dentro de nuestra cabeza. Fabulamos lo que sentimos y nos armamos una carpa de sueños que nos permite lidiar con la realidad.

Su esposa dentro de esta pequeña historia, es un personaje secundario pero trascendental. Cuida con denuedo a los hijos de Beau, pero conserva el recuerdo de un hombre que se ha marchado. El director, es condescendiente con los deseos del personaje de liberarse. Él es un sobreviviente de los demonios que lo devoran. Su mente es el infierno que desata los males más atroces que va generando su mundo inconsciente.

“Beau tiene miedo” presenta partes bien definidas que se van hilvanando progresivamente con el más mínimo detalle de elaboración. La primera, corresponde a la presentación de personajes y de circunstancias generales que definen de una vez el marco general de la obra: Beau tranquilo, Beau tomando pastillas, Beau alucinando, Beau evitando a medias a su madre, Beau haciéndose daño. La segunda, muestra el proceso de tratamiento de Beau, el afecto y el odio de una familia que lo acogen para obtener una recuperación en él. La tercera, el drama personal de un padre que ha sido juzgado por la ley de modo injusto, su posterior redención después de tanto padecimiento, similar a cualquier mito de pecado y perdón que esgrimen las religiones. La cuarta, confronta madre e hijo, hijo y madre, con reproches de parte de ella mientras que Beau intenta defenderse de sus negaciones o de sus faltas. Esa hermosa casa de lúgubre aspecto, se esfuerza por inculpar a este hombre que hace el amor en la cama tibia de su madre recién muerta, decapitada por un candelabro que le cae encima. La última, es el juicio y la condena en el coliseo inframundano que recorre Beau desde un río infernal hasta el tribunal de fiscales y jueces que terminan ajustando cuentas con él.

Con “Beau tiene miedo” Ari Aster, nos brinda un aporte visual de enormes proporciones para comprender un poco más la recreación de monstruos que genera nuestra mente. Mediante situaciones cómicas, la tragedia de Beau nos toca y nos hace reflexionar sobre nosotros mismos.

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog