Imagino las palabras que escribiste
El conmovedor drama que se ganó la admiración, los premios y los aplausos
de la crítica internacional y del público en general, “The father”, es el
preámbulo de una filmografía sólida, poseedora de un sello propio, personajes
doloridos, problemas no resueltos, relaciones tempestuosas, disfunciones
familiares, personajes de carne y hueso que sólo buscan un poco de afecto, una
atmósfera tensa, egoísmos con apariencia de estados anímicos autoexaminados…
Confirmada por esta bella historia cuyo título escueto, denomina bien la
esencia de la película. “The son”. Protagonizada por un cuarteto de actores que
no deja mácula a lo largo de las dos horas de duración de esta declaración de
amor que el director francés Florian
Zeller nos regala.
Con un guion que no admite fisuras, Hugh Jackman, que cada vez confirma su
pulcritud en los trabajos que desarrolla pese a la infravaloración que ha
sufrido en los círculos de críticos fílmicos talvez por su interpretación de superhéroes
mutantes, diseña un papel sólido, de un abogado exitoso que tiene una nueva
familia, una hermosa esposa y un bebé, pero que se ha alejado de su hijo
adolescente que no ha sido el mismo desde que su padre decidió dejarlo. La actriz
británica Vanessa Kirby, que ha construido una carrera meteórica y ha trabajado
con varios de los mejores actores del campo cinematográfico internacional, con
una suficiencia actoral que le da credibilidad como la nueva esposa del padre,
defendiendo su familia, apoyada siempre en su rol como quien es el soporte
emocional de aquel hombre a quien los fantasmas del pasado lo atormentan e
intenta alejarlos por todos los medios. Laura Dern, con una trayectoria
impecable y ahora dedicada a representar papeles dramáticos, llenos de
sensibilidad y que es una férrea defensora de la familia, con grandes dosis de
amor filial que debe propagarse a quienes lo merezcan pero con una marcada impasibilidad frente a quienes puedan
comprometerlo; el denuedo por su hijo adolescente, el antiguo afecto que permanece,
por el hombre que se alejó sin ofrecer justificaciones razonables, la convierten
en este filme en un ser frágil,
prudente, justo. Y el desempeño actoral del joven actor australiano de 21 años,
Zen McGrath, construye un papel serio, creíble en su gesticulación parca, en su
latente depresión que objetiva en la proxemia, en las palabras escasas, en los
silencios y en los pocos momentos de ira que desfoga contra su padre.
Si bien, la película basa sus cimientos en una historia bien planificada, su
fuerte reside en la dirección de actores. Y eso reafirma la grandeza del
director, que integra de forma genial el guion con el ímpetu actoral, que ya
nos había regalado magistralmente, Anthony Hopkins, en su galardonada actuación
como el padre preso del Alzheimer.
“The son” es la vida, mucho más que un retrato en movimiento que nos toca invariablemente
porque esta historia la sentimos cerca, intima con nosotros debido a que, en
cualquier lugar del mundo, se puede encontrar un drama como estos. Atañe a las
familias, a los miembros de un núcleo filial que algún día tropiezan con un
problema así. Las circunstancias de la vida tienen un devenir distinto, en cada
grupo, pero los resultados pueden ser los mismos. Una enfermedad como la
depresión tiene causas sociales, parece decirnos el director. Si no brindamos
afecto a nuestros niños y jóvenes tal vez seamos los directos responsables de
una vida arruinada. Y aunque la obra fílmica no intenta señalar culpables, si
muestra palmariamente que las relaciones de padres y adultos determinan el
curso de la vida de alguien que todavía no tiene la estructuración espiritual
sólida par comprender ciertas actitudes de las personas que más aman.
El filme se caracteriza por la sutileza de las situaciones, pero sorprende
por la intensidad de las palabras, por lo estremecedor del curso que van
tomando los acontecimientos. Cada palabra está pronunciada en sus justas
medidas, la economía del lenguaje da tiempo para pensar, las lágrimas fluyen en
los momentos justos, los reclamos tienen un sustento individual que atañe a
unas razones sentidas, experimentadas con inmenso dolor. Las escenas tienen una
calculadora belleza que armonizan con la evolución de lo que se dice.
Los puntos de giro presentan curvas suaves pero estremecedoras. Y todo
radica en las frases que son dichas con la máxima pasión posible. El personaje
del padre replantea su actitud frente a su hijo, los recuerdos son una
reafirmación de lo que estaba claro y que por los nuevos eventos vitales
parecen oscurecerse en el olvido. El miedo a amar, la responsabilidad con su esposa
y bebé son pequeños obstáculos para retomar lo que se ha dejado de lado pero
que magulla su conciencia como una gran palanca de hierro. En cambio, el hijo,
reclama lo que es suyo, lo que la esposa de su padre le arrebató y se lo dice
en alguna de las escenas, no puede perdonar que la persona que más admira y más
respeta, se hay ido de esa manera. El refugo secreto son las palabras escritas,
quiere ser escritor y lograr especialmente el reconocimiento de su figura
paterna. Ambos confluyen en una avalancha de circunstancias propias de la vida.
Quizás nadie es responsable de nada, es la vida, el dolor y la vida que son
sinónimas. Pero quienes más las padecen son los menores de edad por decisiones
que no pueden controlar pero que afectan el mundo anímico en construcción de
criaturas sintientes. Todo se trata de las emociones. De cómo generar espacios propicios
para que fluyan positivamente en el comportamiento de ellos.

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