¡Qué viva México!
De Luis Estrada
El cine de Luis Estrada no tiene compromisos políticos con nadie, su
esencia como creador es expresar su punto de vista sobre la realidad mexicana, que,
dicho sea de paso, es la realidad de todo un continente, excepto Canadá y
Estado Unidos, por supuesto. En sus películas se alcanzan a vislumbrar críticas
mordaces contra los distintos gobiernos de su país, sin que el cambio de
nombre, cambie la realidad de México.
Ahora viene con una obra de un poco más de tres horas de duración, que
critica al gobierno de Manuel López Obrador, así como lo hizo antes con “La ley
de herodes” donde hace una crítica mordaz contra el PRI, “Un mundo maravilloso”
en la que ataca al gobierno de Vicente Fox y “El infierno” que va contra el
gobierno de Enrique Peña Nieto. Esta obra lleva por nombre: “¡Qué viva México! Su
humor sarcástico nos recuerda verdades tan obvias que hemos preferido olvidar
tal vez para evitar preocupaciones. Que el dinero público es usurpado por los
políticos de turno y que van a dar a las arcas de las empresas multinacionales
porque los países latinoamericanos vivimos bajo la dependencia, delineada por
los Estados Unidos y los demás países del primer mundo. Que las prácticas
cotidianas de la gente menos favorecida económicamente son mezquinas en la
mayoría de los casos, es una realidad innegable, precisamente por ese atraso
educativo en el que se encuentran frente a las élites políticas que han sabido
establecer un aparato de dominación estatal en donde no hay movilidad en los
enclasamientos y que repercuten en la ampliación de las brechas entre ricos y
pobres. Todo eso hace parte de un
sistema mundo donde los países del tercer mundo siguen siendo extractivistas,
mientras que los países del primero son los dueños de la inversión.
¡Qué viva México! Es una obra coral de los actores más granados de la
filmografía mexicana. Damián Alcázar, un excelente amigo del director,
interpreta varios personajes, con rasgos de personalidad muy particulares; su
participación en la película le da esa dosis de realismo que está acostumbrado
a ofrecernos en todas sus películas; la actuación del padre de Pancho, el
personaje central de la obra, es una mezcla de hombre sensible y abnegado a su
familia, pero también de arribista que no le importa vulnerar la dignidad de su
propio hijo. Lo mismo sucede con el tradicional Joaquín Cosio, que también se
destaca por la interpretación de varios personajes. Y especial mención merece
la interpretación de Angelina Peláez como la bisabuela de Pancho, quien es el
personaje más razonable de toda la familia.
La película lleva un ritmo parejo, sin que su duración sea un obstáculo
para terminarla de ver. La historia es la de Pancho, un ejecutivo que se ha
olvidado de la familia, hasta que recibe la llamada de su padre, diciéndole que
su abuelo ha muerto y que debe venir para la repartición de la herencia.
Francisco Reyes, el abuelo, le ha dejado las propiedades incluyendo la mina “La
Esperanza”, de la que era dueño. También le heredó una caja fuerte en la que se
encuentran monedas y lingotes de oro. Desde ese momento, la familia de Pancho
urde toda serie de triquiñuelas para apoderarse de esa fortuna…Todos estos
acontecimientos están cargados de un humor ácido que denotan comportamientos
que pueden aflorar en cualquier momento, dependiendo de las circunstancias. Por
ello, Luis Estrada es un director muy perspicaz. Sus películas, además de ser
políticamente críticas están cargadas de diversión, Con ello, el gran público
tiene acceso real al cine político, que además se mimetiza con la realidad de
la cultura de ese país centroamericano. Porque estar al lado de los Estados
Unidos parece más una maldición que un beneficio de México.
Quizás lo más divertido de la película ocurre en las escenas grupales. En
ellas, todos los personajes tienen voz, a través de un gesto, una mirada o una
palabra, hecho que recuerda un poco las películas de Kusturika. Ese talante
latino, está lleno de gracia, pero también de vicios poco solidarios entre
personas que han crecido bajo un mismo territorio. Pero esa característica de
la personalidad de ese país, es esencial, lo que sí no es esencial, es la falta
de autonomía de nuestros países latinoamericanos frente a las potencias
mundiales. El sistema mundo actual está constituido por múltiples partes, y las
más pequeñas y poco determinantes de su funcionamiento son las nuestras.
Luis Estrada nos regala, pues una obra maravillosa, donde reafirma su
estilo. ¡Qué viva México”, es una parodia muy atinada de unas relaciones
políticas que ha reproducido la cultura mexicana durante toda su historia! La
abrumante distancia entre las clases sociales ocurre principalmente por el
monopolio partidista que han hundido a ese país en la eterna expectativa de
llegar a ser una Nación desarrollada. Cundo vemos sus películas todos sabemos
qué vamos a encontrar, sin embargo, también nos damos cuenta de que aprendimos
algo nuevo. El humor es el anzuelo para que los espectadores se adentren en un
universo personal. Por eso el carácter subversivo de éste. Su flexibilidad,
permite la realización de críticas mordaces, mientras el público banca una
película con una sonrisa.
Manuel López Obrador, 2024- 2030, aparece como letrero en una vía de
México, abriéndose la puerta para la repetición de una realidad política que no
perecerá pronto. Los gobiernos de izquierda y los gobiernos de derecha solo
tienen, según el director mexicano, interés de saquear las arcas estatales,
mientras el grueso de la población se hunde en la pobreza.
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