Muerte súbita


“Madres paralelas” es una película que habla del dolor de no terminar con algo que hace tiempo ya no está. Pero sigue estando en la memoria de quienes todos los días sienten la ausencia de padres, abuelos, tíos, hermanos, y amigos que fueron desaparecidos por los enemigos de la vida. En España los falangistas mataron una cantidad grande de personas y las desaparecieron, sepultándolas en lugares indeterminados bajo la tierra que vio una de los conflictos más sangrientos de la historia. Los descendientes de aquellas víctimas siguen en guerra contra el olvido porque como dice uno de los personajes de esta obra, la guerra no termina hasta que se reconozcan a esos desaparecidos, hasta que se les brinde una sepultura digna.

Almodóvar nos regala como un acto de bondad inesperado esta declaración política, sin abandonar sus obsesiones de siempre.

Las mujeres son las protagonistas del sufrimiento cotidiano por motivos que las aquejan existencialmente y en los cuales se entrecruzan las vidas de las otras personas pero que al final se reconocen en el dolor de una trama más profunda que las pasiones mismas. La solidaridad generada entre ellas es el producto de compartir sentimientos, de ver dramas y de ver tragedias que de uno u otro modo tocan el alma de los otros. El dolor es simplemente un trampolín para el perdón. Esas mujeres resignadas a estar solas necesitan de la compañía de los hombres para complementarse, pero finalmente entienden que siguen estando aisladas, que la única compañía verdadera es el perdón consigo mismas y allí encuentran un aliciente para ayudar a vivir a sus compañeros de vivencias. El director es enfático en eso. En decirnos que la única manera de liberarnos es metiéndonos en el núcleo de las desavenencias, aunque a la larga, la convivencia habrá de zanjar las diferencias.

Janis es una fotógrafa reconocida que ronda los cuarenta años. Ana es una adolescente que queda en embarazo casi al mismo tiempo que su compañera de habitación. Arturo es un antropólogo forense que conoce a Janis y entabla una relación libre con ésta. El triángulo parece bien armado pero las situaciones se empiezan a complejizar por un juego del destino que trastoca la calma entre ellos. Luego de parir, las niñas son intercambiadas accidentalmente de modo que Janis cría a la hija de Ana y al contrario. La niña de esta última muere súbitamente y Janis  se da cuenta del intercambio gracias a una prueba genética que se practica. Arturo es una duda. Cuando mira a la niña que no está dispuesto a reconocer inicialmente, sabe que ella no es su hija o por lo menos lo sospecha. 

Este drama que tiene amago de culebrón tal como el director suele hacer en sus películas, es una excusa para mostrar un entorno enrarecido por la violencia pasada que sigue envolviendo la vida de miles de personas desaparecidas. La primera desaparición es la de la niña que está sana y muere de improviso dejando a su madre devastada. Muere el padre de la niña porque termina yéndose sin que pudiera o no quisiera asumir su responsabilidad. Aunque también aparece la esperanza. La niña perdida de Ana vuelve a su lugar matriz para reparar un error y devolverle la alegría a una madre adolescente. Y regresa el padre por los afectos anteriores que finalmente conllevan a la justicia. Al final de la película los científicos forenses se ponen en el lugar de los restos óseos tal como quedaron tirados por los falangistas en una fosa destinada para no ser localizada jamás. Por eso esa esperanza de un nuevo comienzo deja un legado para los niños y niñas que tienen a sus mayores para brindarles un futuro distinto.

Penélope Cruz enseña una delgadez a tono con el clima emocional de la película. Su comprensión, su entrega y su compromiso con todo, la muestran como un ser pletórico de sabiduría. En su independencia también despliega una fragilidad compasiva. Los personajes alrededor tienen sus vidas bien construidas, excepto Ana, que termina supliendo la soledad de Janis. Las escenas íntimas entre ellas son una prolongación de un instinto maternal que las une. El amor entre mujeres no es más fuerte que la necesidad de ser madre. Almodóvar insinúa que las mujeres están destinadas a ser madres incluso cuando no quieran hacerlo. Ese es el único camino para salvar la especie.  El contraste entre muerte y vida es mostrado por el director personificándolos. No se pueden separar ambas porque la existencia del universo implica la realización de todos los esfuerzos para propagar y proteger a los hombres de ellos mismos.

Esta película muestra escenas de la vida cotidiana en la España actual, pero sugiere que si no se cierra del todo ese capítulo violento que enlutó varias generaciones perseguidas por las fuerzas franquistas durante tanto tiempo, el dolor seguirá trayendo a la memoria todo el horror de la guerra. Ahora los niños siguen siendo víctimas, la niña desparecida es la sombra de la niña viva. La niña de origen latino es el producto de una violación. Sin embargo, el amor maternal es más fuerte que las agresiones. El dolor y sufrimiento de no saber nada, de haberlo perdido todo, pervive, independientemente del relevo generacional.

En “Vidas paralelas” están inmersas los vivos y los muertos, los de ahora y los de toda la historia. Los personajes se actualizan de acuerdo con el momento cultural en el que viven, pero los dolores del pasado determinan todo lo que ocurre alrededor. La forma más expedita de levantarse del suelo es ganarle la batalla al olvido. La memoria de las vidas de los desparecidos debe ser una prioridad para todas las personas.

 

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