Silencio de Martin Scorsese

                                                Andrew Garfield como el padre Rodrigues


Lejos de los publicitados thrillers de la mafia, esta película cumple un viejo sueño de uno de los directores más originales, creativos y sinceros que ha dado el cine de los últimos 50 años.  Su tema roza varios aspectos que sin duda han estado presentes en la vida de Martin Scorsese y que han sido combinados de uno u otro modo en sus distintos trabajos cinematográficos, bien sea como apuestas religiosas, versiones históricas sobre mitos fundacionales, leyendas del delito que han vendido su alma al diablo por el dinero, héroes caídos en desgracia por sus malas decisiones ante los tormentos de la existencia, etc.,  Pero este drama religioso combina varias de las más acendradas obsesiones del autor que ha visto en la religión una manera  de exponer sus pensamientos e ideas   a través de las hermosas imágenes  logradas por un magnífico Rodrigo Prieto, siempre tan recursivo con su trabajo: El miedo ante las incertidumbres que ofrece la vida, el temor de Dios y la posibilidad de traspasar los límites morales autoimpuestos por una conciencia apenada ante las seducciones de la humanidad, el dolor que implica el conocimiento de la inexistencia de un ser superior que brinde refugio, la incomprensión de los hombres y las mujeres por las reacciones de un individuo atribulado por el mundo. La profunda fe en algo o en alguien que se ha manifestado todo el tiempo para brindar las certezas más terribles al destino de un único hombre que ha sentido el desgarramiento por dentro y expresa en sus actividades consuetudinarias sin inmutarse o inmutándose demasiado.

“Silencio” del año 2016, es una obra majestuosa, con una que otra imperfección, pero la suma de todas sus cualidades temático visuales, es una gran sinfonía de recursos fílmico filosóficos que conmueven al espectador atento, aquel que no lleva afanes ante la vida para poderla analizar detenidamente.

Dos sacerdotes católicos piden permiso a su superior en Europa para ir en busca de un padre icónico de apellido Ferreira que, habiendo partido de su natal Portugal, se intrinca por las montañas de Japón durante varias décadas con el fin de evangelizar a la población durante el siglo XVII. Rodrigues y Garupe deben vivir las circunstancias más atroces que un ser humano puede vivir en esos parajes inhóspitos y sobre todo, soportar los vejámenes de las autoridades políticas y religiosas de los japoneses que ven en el catolicismo un peligro para la sociedad.

La labor de Ferreira, interpretado por un siempre correcto Liam Neeson, ha dado frutos duraderos para una población campesina olvidada por sus mismos gobernantes que conciben el budismo como la única entidad espiritual capaz de florecer en un territorio donde sus habitantes son personas de atavismos arraigados que están adheridos a la tierra como una extensión de su cuerpo donde la excesiva espiritualidad de aquella no ofrece nada bueno a quienes han servido por tantos años a ese país oriental. Después de muchos años en Japón hay una comunidad de 300. 000 creyentes que deben ser cuidados. Rodrígues y Garupe, hombres de hierro en la fe, son fieles discípulos de Cristo en su misión de no retroceder ante el terreno abonado por su antecesor que vive perdido para el occidente cristiano. Pese a los rumores de apostasía, el primero de los jóvenes padres sigue creyendo en su mentor y por eso resiste ante las presiones del medio; es él quien desafía a los gobernantes japoneses y con ellos tiene sus más agrias discusiones sobre la verdad de cada una de las religiones. Entre el budismo y el cristianismo hay elementos en común pero la imposición de la verdad es claramente derecho de Cristo sobre los feligreses.  El budismo insiste en la paz interior y no quiere imponerse al alma de ningún hombre. Rodrigues, interpretado por Andrew Garfield, es un hombre que ante la tentación resiste porque sufrir el dolor del cuerpo en aras de la inmortalidad espiritual es un premio para el que lleva la fe como estandarte en su corazón. Pero ver el desfallecimiento del prójimo enrostrado en los campesinos magullados por las espadas de los japonese no es una opción necesaria sino la ratificación de que se puede seguir el camino de cristo sacrificándolo todo, hasta la misma apariencia de la creencia mientras a Jesús se lleve en el interior como un amuleto vital que remueve constantemente la sensibilidad del hombre.  Garupe, interpretado por Adam Driver, es más impulsivo, es un padre que muere por salvar al otro en las aguas purificadoras del mar, pero su vitalidad termina arrinconada como un animal herido por las autoridades religiosas de un país agrícola y aferrado a la vida física como Cristo a la cruz.

Scorsese se pone en esta película. Sus creencias católicas infundidas en las barriadas newyorkinas en una comunidad italoamericana necesitada de Dios ante las presiones de la vida en otro país, se evidencian en los personajes de la novela de Endo Shusaku, del mismo nombre de la obra fílmica. Y se pone con un miedo existencial que sacude los cimientos de su fe para hacerla un tema de trabajo vital que recrea en estas imágenes vigorosas. La lucha de los hombres por conquistar el corazón de otros, es un largo y agreste camino que debe remontarse todos los días. La incertidumbre que impone la existencia sólo puede paliarse con más incertidumbre alimentada por una fe a prueba de todo. El encerramiento físico es tan solo un espejismo mientras las convicciones se mantengan intactas. La imagen del padre Rodrigues, al final de la película, inmerso en ese recipiente de madera aferrando el pequeño crucifijo, lo prueba. Ferreira lo supo y lo sabrá por siempre; eso mismo es lo que aprendió Rodrigues en el Japón del siglo XVII. Nadie es más grande que el dolor. Esa es la síntesis del primer gran diálogo que sostienen estos hombres de fe que decidieron renegar en público de su creencia. Ante las palabras de Cristo, las imágenes hablaron como una señal anhelada por los creyentes. A Scorsese las imágenes le hablan como una inspiración estética que resuena en la fe como tema de sus obras.

  

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