Audrey
El documental “Audrey: más allá del ícono”, es valioso por las entrevistas a los personajes cercanos a la artista, así como por las palabras en la propia voz de Hepburn, de su marido Mel Ferrer, incluso de Andrea, su segundo marido. Todo ocurre de modo secuencial, contando y mostrando parte de su evolución personal y actoral. Al final, la directora, expone un poco melosamente el ensueño que siente por Audrey.
La infancia de este ícono de la
actuación y de la moda fue especialmente dura. Hija de un vendedor de seguros
de nacionalidad británica y de una aristócrata neerlandesa, vio como los nazis
se apoderaban de toda Europa, con sus padres simpatizantes de la unión de
fascistas británicos que tanto apoyaron ese advenimiento de un nuevo mundo y
que realmente sumieron a estos países en un campo de concentración continental.
En su propia voz, Hepburn cuenta cómo tuvo que aguantar hambre junto a los
demás niños de su país, raspando cuanta lata de basurero o multiplicando milagrosamente
las patatas para no morirse de inanición. A este clima exterior de dramatismo,
se le unió el abandono de su padre un día nublado de 1935, con una Audrey de 6
años, quien se mudó junto con su madre de Bélgica a los Países Bajos, donde no
podía hablar un ápice de inglés debido a la prohibición de su madre.
De esa desolación de sus primeros
años de vida fue salvada quizás por el ballet. Su estrella la hizo recorrer varios
escenarios del mundo hasta que interpreta a “Gigi” en Broadway en el año 1951. Pero
su éxito vertiginoso en el espectáculo se vio potenciado a través de William
Wyler quien quedó atrapado por ese rostro angelical que le daría vida al
personaje de Anna, la princesa europea que decide tomar un descanso en Roma y
que será rescatada por un periodista interpretado por Gregory Peck. El repentino
éxito le llega con su Oscar a mejor actriz a los 24 años de edad, para
afianzarse en otras piezas fílmicas de renombre como “Sabrina” del mismo Wyler
y “Desayuno en Tiffany” de Blake Edwards. De esas películas entabló una buena
relación con el actor George Peppard, un veterano ya Humphrey Bogart, con Fred Astaire
con quien cumple uno de sus sueños dorados que era bailar en una gran película
junto a ese icono del espectáculo de Hollywood.
En ese ir y venir de producciones
cinematográficas conoce a Mel Ferrer mientras grababan una película llamada “Ondine”
de Jean Giraudoux. Con el actor y director californiano entabla una relación
estable durante varios años hasta que se desgastó y finalmente terminó en
divorcio. De este matrimonio quedó su hijo Sean Ferrer quien dirige actualmente
la Fundación Audrey Hepburn. Tanto
Audrey como Mel se consideraron personajes exitosos en su momento y su relación
se tomó como un modelo de la felicidad en medio del espectáculo. Un psiquiatra
italiano de nombre Andrea Dotti fue su segundo esposo con quien alcanzó cierto
equilibrio emocional pero las infidelidades públicas y privadas del médico,
terminaron con el matrimonio. De esa relación quedó su segundo hijo de nombre
Luca.
El documental sugiere que la
infelicidad de estas relaciones amorosas se dio por el vacío que había dejado
su padre en la vida de la artista. Fue amada por tantos y también fue infeliz
debido a unos pocos, precisamente las personas que más amó. Del abandono de su
padre nunca se recuperó. Sin embargo, pese al resentimiento y al dolor que
aquel exsimpatizante de los grupos fascistas británicos, produjo en la actriz,
ella decidió buscarlo y lo encontró. Ella y él, viejo y sin muestras de arrepentimiento,
recomenzaron una relación rota por varias décadas, pese a lo cual Audrey no le
recriminó, no le pidió explicaciones por su ida cuando ella era una niña.
Quería una nueva oportunidad. Y ese amor que prodigó a aquel hombre se fue
extendiendo cada vez más a todas y cada una de las personas que visitó por el mundo
entero especialmente en el África, en países como Somalia cuyo estado de
miseria conminó a los niños a la desnutrición, causa que ella abrazó como
personal, como si la estuviera realizando para las personas de su familia.
Quizás Audrey Hepburn fue la
mujer más popular de su generación. No solamente brilló como personaje del espectáculo,
sino que fue una actriz respetada en el medio. Su elegancia hizo cambiar de
opinión a Givency para querer vestirla, en lugar de Catherine Hepburn. Su
talento se vio engrandecido con ese enorme caudal de fraternidad que prodigó a miles
de personas en el mundo entero. Su elegancia, su dulzura y su mito seguirán creciendo
con el paso de los años.

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