Te lego mi mochila


Nómada, de Herzog
 

 

La búsqueda de un nómada del cine ha llevado por los más inhóspitos paisajes al creador de películas monumentales como “Fitzcarraldo”, “ Cobra verde”, “Aguirre, la  ira de Dios”, con la sensación dejada en los espectadores de que su necesidad interior de seguir indagando continuará hasta que ya no pueda hacer las obras fílmicas pertenecientes a un cine tan singular como el que Werner Herzog nos entrega.  En esta ocasión nos brinda con tremenda generosidad una de sus películas más personales, porque confiesa lo que había venido incubando en su mente durante 40 años y ahora decide mostrárselo a su público. “Nómada” parece un desnudo espiritual porque cuenta la historia de uno de sus más íntimos amigos, el escritor de aventuras Bruce Chatwin, quien muere tempranamente sin haber redondeado su obra, llena de creatividad y encanto, como un original autor que ha decidido narrar sus experiencias de viajes  a lo largo del planeta, interpelando las culturas, librando una lucha contra sus monstruos interiores neutralizados mediante rituales aborígenes en la geografía australiana o en algún lugar remoto del África oriental.

La película se cuenta en varios capítulos, yendo de la presentación general de la personalidad de Chatwin como la reseña de varios hallazgos arqueológicos de animales gigantescos de hace  10.000 años en La Patagonia chilena hasta la visualización y descubrimiento de documentos privados que cruzan las vidas de ese ilustre inglés y el cineasta alemán.  No solamente se narran los adelantos intelectuales si no detalles de la vida íntima de Chatwin. De su aguda percepción para mirar el mundo en pequeño, hasta la escritura general de libros que mezclan experiencias personales con eventos ficcionalizados por su pluma, Herzog, combina las voces de los narradores, en los cuales se escucha su tono rocoso. La película documental habla de la atracción vivencial que Chatwin sentía por los pueblos aborígenes, sus prácticas rituales, la creación de canciones terrígenas producto de la experiencia de los hombres y la sabia expresión de la naturaleza encarnada en artistas que supieron darle sonidos al mundo a lo cual el autor le dio el nombre de “songlines”.  También es valiosa la difusión de la obra antropológica de hombres como Carl Strehlow, quien había compartido con comunidades aborígenes de Australia, en las cuales analiza su lenguaje, sus rituales, la necesidad de comunión espiritual con el universo.  Uno de los aspectos más enigmáticos y llamativos del documental es la descripción del nomadismo de grupos indígenas del extremo sur del continente americano, hecho que concentró el trabajo de Chatwin durante gran parte de su corta vida. Quizás porque esos pueblos obedecían a las mismas reglas internas que regulaban su vida o más bien la desregularizaban de los hábitos de vida no propios que dejó a un lado para darle plena libertad. La admiración mutua de ambos artistas, el escritor y el cineasta, se refleja en las notas del primero, retomadas por el biógrafo de Chatwin y de las declaraciones públicas de Herzog ante aquel, sin la más mínima contemplación de pudores sentimentales. Herzog brinda en estas declaraciones, pistas sobre sus relaciones profesionales con sus actores y miembros del equipo productor de sus películas, que en ocasiones se tornaban tensas.  Esas pistas son la dislocación de la cultura por la naturaleza al ser interpelada en el alma de las personas hasta sus últimas consecuencias. De esa propensión interna de ocultar el mundo propio, salen las más puras pasiones de las personas en momentos de máxima tensión. De esa propensión se nutrió la relación de Herzog con Klaus Kinski, cuya actuación como un traficante de esclavos en “Cobra Verde”, es un ejemplo a manera de homenaje a Chatwin, con la adaptación de su novela “El virrey de Ouidah”.

Las imágenes que nos regala el cineasta en este documental como siempre están cargadas de riqueza. Los videos antiguos de los aborígenes africanos exhibiendo sus dientes para conseguir esposa o las del oso perezoso gigante metido en una cueva del sur de América, o las fotografías bien escogidas de Strehlow en Australia, así como las del mismo Chatwin, a las cuales se le suman frases leídas por el director o por sus amigos más cercanos nos recrean una obra fílmica conmovedora. Pocas veces vemos a Herzog ante la cámara, hemos escuchado su magnífica voz de narrador, pero ahora, deja ver su parte más sensible, con la declaración de amistad jalonada por la admiración profesional hacia su gran amigo inglés, con quien compartió ideas, fruto de las cuales   surge este trabajo fílmico.

Creo que “Nómada” es un homenaje, pero también es la exposición de las obsesiones de Herzog por la búsqueda de su propia alma, reconocida en la naturaleza. Caminar como ejercicio espiritual que usa como medio el cuerpo.  En el reconocimiento del otro a través de acercamientos a sus modos de vida, nos puede brindar claridad sobre nosotros mismos. Los intrincados misterios de las culturas, las explicaciones racionales de ciertos hechos humanos no agotan la necesidad de seguir explorando la condición humana. Chatwin fue simplemente un hombre que sintió la fascinación por lo no común y a ese proyecto consagró su existencia.  Por eso Werner Herzog hizo este documental como una forma de contar algunos aspectos biográficos ante un público que siempre lo ha visto desplegar imágenes de entornos hostiles donde los hombres se adentran para vencer los obstáculos del paisaje. Desde ese punto de vista este cine es un trabajo que apunta a la etnografía. 

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