Primero mataron a mi
padre, de Angelina Jolie.
La cuarta película de la
directora estadounidense Angelina Jolie es el trabajo serio de una cineasta que
se tomó el oficio con máxima seriedad. El nombre sugestivo que posee, “Primero
mataron a mi padre”, indica de una vez la intención que tiene la película de
centrar sus esfuerzos en mostrar el punto de vista de su protagonista, una niña
desplazada por los Jemerer Rojos (interpretada por Sareum Srey Moch, de 9 años).
Camboya sufrió la dictadura
comunista desde 1975 a 1979 que arrojó en estadísticas la suma de 2 millones de
muertos, una cuarta parte de la población desaparecida, en cabeza de su
presidente durante esos años, Saroth Sar o Pol Pot como es conocido tristemente
en la historia de las guerras, como producto de la Guerra Fría, patrocinada por
los Estados Unidos.
La película narra siempre desde
los ojos de Loung Ung, que a propósito
es la escritora del libro que adapta la directora, con una pretensión de no mostrar
de manera tan explícita la enorme
violencia, padecida especialmente por los civiles ante las tropas guerrilleras
que igualaron a toda su población por lo bajo. Loung es miembro de una familia
de clase acomodada de 7 hijos que debe ingresar a un campo de concentración,
con trabajos forzados y cuya agricultura se convirtió en el centro de la
economía camboyana. Si bien, la no intención de criminalizar más a los miembros
de los Jemeres, aparece claramente en cada una de las escenas, se encuentran
lugares comunes que este tipo de filmes muestran, como las expresiones amenazantes de los soldados ante la gente, o
en algunos momentos, las escenas de sangre que no abundan pero se presienten de
modo inmanente a lo largo de la
obra. Cuando los soldados llegan por el
padre de la niña con el fin de ponerlo a construir un puente, tiene un alto
grado de tensión pero que se ensucia con una escena posterior en la que se
muestra su asesinato. Esta tensión va incrementando desde la escena inicial,
donde la niña se sube a una baranda de piedra en un edificio y desde la cual,
los ojos de aquella persiguen con la mirada los movimientos de los militares
mientras atropellan a los civiles y amenazan con subir hasta el lugar donde
vive con su familia. Con el plano aéreo, en las postrimerías de la película, la
directora decide mostrar a la niña, corriendo por un bosque de árboles
despejado, pero lleno de minas “quiebrapatas” que van explotando en tanto los
hombres y las mujeres corren temerosos por aquel lugar, la sobreexposición de
las personas y los miembros desprendidos del cuerpo colorean de rojo el suelo.
Este es quizá el momento emblemático de la obra, aquella escena refleja la
desesperación de una niña sola, perdida en medio de un campo minado y un montón
de soldados comunistas defendiendo posiciones que se pierden paulatinamente. Es
la soledad en su máxima expresión. Ese abandono de una niña viva es una
prolongación de aquella soledad del muerto que se ha quedado estancado a la
orilla de un río y cuya fetidez impide que los niños puedan cumplir con sus
responsabilidades; cuando la niña empuja aquel cadáver con un pedazo de rama,
deja ir algo de sí misma: se va su inocencia para siempre.
“Primero mataron a mi padre” es
el producto de las correrías de Angelina Jolie como comisionada de la ONU en su
labor humanitaria. Sus declaraciones públicas sobre su decisión de hacer una
película financiada por NETFLIX tienen como fin atrapar a una audiencia masiva.
La película tiene una misión filantrópica que intenta revitalizar la historia,
narrada por quienes han ganado la guerra. El conflicto en Cambodia es una
conflagración política que llevaba, hasta el genocidio de la población, al menos un cuarto de siglo. La pretensión de
intentar comprender el dolor de la población civil se distancia un poco de
otros esfuerzos similares, como “Los gritos del silencio” de Roland Joffé, por
la forma, en cuya historia, el exceso de melodramatismo obnubila un poco la
obra estética. Asimismo, sigue los pasos de “La imagen perdida del director más
reconocido de Camboya, Rithy Panh. En cuya obra “La imagen perdida” hay toda
una elaboración audiovisual que conmueve pero que tiene una rigurosa
elaboración artística que a pesar de
pertenecer a un género documental, tiene niveles metafóricos ponderables.
Las otras actuaciones la de Kompheak Phoeung, padre y de Socheta Sveng, madre
de Lung, complementan otro punto fuerte de la película. Ambos actores logran
despertar la suficiente conmiseración en el espectador como para ponerlo de su
lado. Aunque Angelina Jolie ahorró al máximo las escenas de morbo sanguinario,
se puede detectar la carga política en contra de los comunistas, hecho
observable de manera clara en escenas como
las dedicadas a la “reeducación” de los prisioneros o en la ideologización de
los niños que reciben entrenamiento bélico en medio de la selva. Si algo queda
claro es que la disciplina de partido constituía un elemento imprescindible del
comunismo camboyano. Esas estructuras vietnamitas propagaron su rigurosidad militar
con un puño de hierro que dividió la población en dos bandos.
Con esta obra, hablada en
Jemerer, excepto por un par de frases en francés, Angelina Jolíe sigue
demostrando sus grandes cualidades de artista y sigue madurando su talento que seguramente nos va regalar obras aún más
valiosas. Sus preocupaciones políticas permiten revitalizar conflictos internos
que valen la pena develar a esta nueva generación de jóvenes que han descuidado
un poco el estudio de la historia.

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