De
las palabras provengo y hacia las palabras voy
De Farhad Safinia
“El profesor y el loco” tuvo muchos
problemas antes de ver la luz como una película sobre la relación entre un
intelectual de Oxford, sin título, y un prisionero paranoico, que emprendieron
la monumental tarea de recopilar y definir todas las palabras del idioma inglés
para consignarlas en un diccionario cuyo título llevaba por nombre “Oxford
English Dictionary”. La obra, terminada medio siglo después es iniciada en la segunda mitad del siglo XIX, como parte
de ese espíritu imperialista inglés que se propuso controlar el avance económico,
político y cultural del mundo entero.
James Murray, el lexicólogo escocés y William Minor, el
recluso, comparten la avidez de
conocimiento, desde perspectivas distintas. El primero es un hombre que domina
una multitud de idiomas y dialectos, incluso ya desaparecidos y que se ha apartado de la academia oficialista
pero que tiene las competencias necesarias para llevar a cabo
esa recopilación idiomática. El segundo, un ex militar del ejército
estadounidense que sufre de un trastorno paranoico cuya enfermedad lo lleva a asesinar a un
hombre en la puerta de su propia casa; tiene una memoria fotográfica, apta para
hacer inventarios de palabras y con el tiempo suficiente para trabajar sin
descanso en algo tan complejo. Murray
cuenta con el apoyo de su esposa quien siente la ausencia de su marido y se
implica en el juego de emociones en la empresa de su marido que la película
intenta despertar en el espectador. Minor, guarda una enorme culpa por el
asesinato de un hombre inocente quien deja a una familia grande encabezada
ahora por la viuda que debe alimentar a 7 hijos. El recluso, como parte de su
redención ofrece la pensión ganada como militar a la familia huérfana de padre
pero la mujer no la acepta. La
implicación entre el convicto y la mujer viuda llega a límites insospechados, incluso, según la
obra, a una especie de atracción amorosa
que desafía todos los grados de credibilidad posibles. Inicialmente, los muros
entre ambos son tan grandes que Minor debe enfrentar la mirada de aquella mujer
desesperada por el dolor de su pérdida con los ojos azules de un hombre
atormentado por las sombras de su mente perdida en el pasado. El emprendimiento
del diccionario es un escape ante la maraña de pensamientos obsesivos que hacen
de la vida del recluso, un trámite
intolerable. El filme enfatiza el vínculo que se establece entre los dos
hombres; Murray ve en Minor a un
individuo rebasado por las circunstancias, el homicidio tal vez es una treta
de la vida como una prueba que debe
expiar con un castigo tan fuerte como la pérdida de la razón. Ese es un punto
fuerte de la obra porque se expulsa esa duda de funcionalidad que se limita
estrictamente a la terminación del diccionario. La perfección de la vida del
lexicólogo: una familia perfecta, una esposa que lo ama, unos hijos afectuosos
y una carrera brillante, contrastan con la desolación y los tormentos de un
“demente”, solo, en un país lejano.
El director de la película, Farhad Safinia (coescritor de
“Apocalipto”) resalta la confusión de roles, ¿quién es realmente el genio y
quién es realmente el loco? ¿O entre ambos papeles la línea es indistinguible?
La historia, basada en un best
seller de 1998, escrito por Simon Winchester, está llena de matices dignos
de una buena película pero el filme se ejecuta con el ritmo de una miniserie
televisiva que carece de intensidad. La relación entre Murray y Minor tiene
debilidades dramáticas que evidencian su
desbalance. Y entre Minor y la viuda,
las circunstancias que conducen al afecto generado entre ambos personajes, no
tienen la coherencia necesaria para hacer creíble la historia tejida entre
ambos. Como película de época pudo ser mejor aprovechado el ambiente
intelectual de la época, en cuyo seno, los científicos e historiadores del
imperio británico, en sus diferentes áreas de conocimiento, vivían un clima de
efervescencia académica quizás como ninguno otro en la historia de la humanidad. Pero no sólo los defectos de la película se encuentran en
la trama de relaciones de los personajes, sino en la intensidad de las situaciones que por la gran cantidad de
detalles que la historia sugiere hubieran podido convertir una obra que
cinematográficamente puede pasar desapercibida
a una obra de características mejor dotadas.,
Al bisoño director le faltó la asesoría de un director
versado en la materia como Mel Gibson, cuyo trabajo está plagado de
intensidad. Uno de los puntos fuertes de
la obra es el de las actuaciones. El trabajo de Sean Penn, como siempre no
admite ningún reproche, la sutileza y la pasión se expresan en cada una de las
escenas, especialmente en las que tienen que ver con las crisis de personalidad
que sufre MInor. Nadie mejor que este actor estadounidense para representar
estados mentales por medio de gestos y palabras que van directamente al mundo psicológico del espectador. Natalie
Dormer como la viuda destaca por su actuación convincente, entregada a su papel
con sutileza pero con gran pasión en cada uno de los momentos que expresa en
pantalla. Jennifer Ehle, la esposa del profesor asume un papel correcto, con la
suficiente energía actoral para acompañar o desaprobar ciertos comportamientos
de su esposo. Y Mel Gibson todavía sigue generando esa falta de resolución en
sus actuaciones. Él es un actor que no
despierta el más mínimo de credibilidad en papeles dramáticos, excepto los que
tienen que ver con las películas
denominadas de acción en las que participaba anteriormente.
“The profesor an the Madman” es una película informativa por
la novedad de la historia para millones de personas que no conocíamos los
hechos reales en que se basó esta obra. Como película de alto vuelo es más una
anécdota fílmica en la que han participado muy buenos actores.

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