Vida y milagro de un
hombre común
De Adam McKay
“Vice” es una película dirigida
por un hombre que conoce todos los intríngulis del cine comercial
estadounidense. La sociedad de ese país brinda las historias con las cuales
algunos directores construyen guiones que tratan sobre los temas políticos que
atañen directa o indirectamente al mundo entero. Adam McKay, luego de “La gran
apuesta”, confirma su experticia en la hechura de este tipo de películas,
siempre tan interesantes cuando existe una actitud crítica ante ciertos
personajes, tan trascendentales en el destino de esa nación norteña. Ahora
viene con este biopic de larga
duración sobre uno de los personajes más despiadados de la historia política
reciente. Hablamos del vicepresidente de los Estados Unidos durante el primer
gobierno del bisoño George W. Bush, Dick Cheney.
Son varios
los puntos fuertes de la película. En primer lugar, pese a que el
director abarca un periodo muy largo de la vida de Cheney, podemos captar
trozos esclarecedores de la personalidad de un hombre de pocas palabras pero
con un carácter recio, sin segundas oportunidades para quienes hicieron parte
de su círculo de confianza. Su carrera política inicia con el célebre
Secretario de Estado Donald Rumsfeld en los gobiernos de Gerald Ford y Bush
hijo, quien lo eligió para ser su asesor por las cualidades que lo
caracterizaban como su fidelidad, su parquedad y su habilidad para obedecer
órdenes. De su paso por una empresa en la que se encargaba de poner redes
eléctricas hasta su ascenso como el hombre más poderoso del mundo, hay un
proceso secuencial, pero vertiginoso, porque incluso las personas cercanas,
como su esposa Lynne, demostraron su poca confianza en ese hombre borrachín,
amante de las rencillas callejeras. Como
lo dice explícitamente el narrador de la obra, un donante de corazón para el
reputado político, Cheney tenía la extraña habilidad para hacer parecer las ideas
más descabelladas como ideas razonables. Segundo, la película deja ver las
motivaciones del poder, con personajes que parecen lobos hambrientos que buscan
arrebatárselo a quienes lo ejercen. En un bosque de depredadores, Cheney se convirtió en el más temido de todos,
pero pese a que el director deja traslucir un dejo de preferencias personales
en contra del político, las actuaciones de éste son el reflejo de las relaciones y de las intenciones que
hay detrás de estos personajes; la razón de estado va forjando este tipo de
hombres que alimentan sus ambiciones personales con las porciones que aquel le
suministra. Cheney se fue enredando en
las telarañas de la política estadounidense como un hombre de carrera, cuyos reconocimientos le
granjearon la confianza de algunos hombres poderosos como senadores vitalicios,
ex presidentes, futuros presidentes que lo consideraron un gran asesor. Por
ejemplo, en la campaña de George W Bush, le impuso condiciones que otros candidatos
a presidentes de Estados Unidos no hubieran aceptado, como la unificación de
poderes que fueron esgrimidos por abogados que conocían las leyes al dedillo. Detrás
de las reacciones ejecutivas a la crisis
por la caída de las torres gemelas, estaba el “vice”; el espionaje a La Cámara,
a El Senado y a órganos de investigación como la CIA le dio pleno control al ejecutivo
sobre el poder integral en esa nación americana. Detrás de la invasión a Irak,
se encontraban los favores que Cheney estaba dispuesto a pagar a las empresas
petroleras amigas (él fue un gerente de ellas) para que ingresaran a ese país
de Medio Oriente, cuyos pozos petroleros, enriquecieron sus arcas. La única
conexión entre el jefe de Al Qaeda, Osama Bin Laden y Sadam Husein, a través de
un líder chiíta que se inventaron como el terrorista más peligroso del mundo.
En tercer lugar, las interpretaciones están marcadas por una excelente construcción
de personajes. Christian Bale en un cambio de fisonomía extremo se vé como un
hombre obeso, de mirada elusiva y con una gesticulación abrumadora que rápidamente
hace mimetizar al actor en su papel. No sólo es el cambio de apariencia, es la
credibilidad natural que muestra a un
hombre típico de la política estadounidense. Junto a Bale, cuyo premio otorgado al mejor actor en
los pasados Globos de Oro, lo tienen como serio candidato a ganarse el Óscar en
esa categoría para este año, encontramos a las buenas actuaciones de Steve Carell
que interpreta a Donald Rumsfeld, a Sam Rockwell, quien encarna el papel de
George W. Bush y a Amy Adams, como la esposa del vicepresidente.
En “Vice” encontramos una buena
obra que perfila psicológicamente a un adicto al poder que se lo encontró luego
de un llamado de atención de su esposa, quien lo apoyó en los momentos más álgidos
de su vida. El pragmatismo de Cheney lo llevó a ascender en la carrera política
de manera vertiginosa. Juzgar a un hombre como él, tal como lo hace Adam McKay, le quita un poco de objetividad a
la obra. Si bien sus actos son éticamente reprochables, el ejercicio de la
política está plagado de ellos.
Una obra como éstas brinda un
buen ejemplo de que la vida privada y la vida pública son dos caras de la misma
moneda. Las experiencias, las personas, las situaciones son instrumentos que
van labrando la obra de una vida. La personalidad de alguien y un poco de azar
a veces se encadenan para hacer de un hombre común alguien que puede determinar
la suerte del mundo entero. Cheney solamente empleó la lógica de Estado en su
carrera política, sin pensar siquiera que en sus manos quedaba la suerte de
millones de personas.

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