Marx, el joven
fantasma que recorrió la vieja Europa
De Raoul Peck
La vida de Karl Marx es una
aventura para quienes deseen exponerla cinematográficamente debido a las múltiples
derivas de este enorme pensador que
forjó numerosas experiencias en medio de tiempos revolucionarios que caracterizaron
al siglo XIX. Eso de por sí ya debería llamar la atención para cualquier
narrador, de modo que mostrar en imágenes la cantidad y la calidad de los
sucesos que le acontecieron a ese renano genial, se convertiría en una fuente prolija de
nuevos descubrimientos estéticos, arrastrados por la marea de una personalidad
torrencial que sacudiera las entrañas de la misma sociedad europea, en una
época de levantamientos políticos y de desarrollos filosóficos invaluables para
la humanidad. Este desafío lo asumió aceptablemente, el director haitiano Raoul
Peck, quien ya había ganado renombre con
su galardonado documental denominado “I Am Not Your Negro” con el cual tuvo una
nominación para los premios Oscar del año 2017. Como ministro de cultura de su
país, su nombre no pasa desapercibido dentro de las élites políticas
centroamericanas, pese a que el fuerte de su vida pública siempre ha sido el
cine. Ahora, trae una película polémica por el tema que no es otro que los
siete años que comprenden los años del joven Marx, desde la denuncia pública,
escrita en “La gaceta renana” sobre “Los robos de leña”, hasta la escritura del
“Manifiesto comunista” que se convertiría en la voz de las luchas
revolucionarias de miles de comunistas que poblaban esa envejecida Europa en
los albores de mitad de siglo.
La película engloba unos pocos
años de Marx, pero el vértigo de la historia no puede recopilarse
satisfactoriamente, entre otras cosas, por la complejidad de la vida de aquel
filósofo, quien comprometió su vida al servicio del desentrañamiento de los
conceptos que pudieron dar comprensión a los fenómenos que ocurrieron en el
mundo, especialmente en el Antiguo continente. Primero, se muestran los años iniciales de
búsqueda intelectual cuando Marx ya tiene conformada una familia, con un
énfasis en el apoyo que le brinda su mujer Jenny, en momentos de dificultades
económicas, a causa de la dedicación denodada de aquel a la escritura de
artículos por encargo que no le reportaban mayores ganancias económicas, aunque
esa actividad denunciante le hizo granjearse la admiración de miles de lectores
que pedían a gritos que “La gaceta
renana” no fuese clausurada por el gobierno prusiano, que siempre lo persiguió,
incluso hasta el punto de obligarlo al
exilio en la flamante París. De ese rompimiento físico con su tierra natal, se
condice también la ruptura con los jóvenes hegelianos, quienes, para gusto de
Marx, no eran lo suficientemente radicales en su filosofía. Si bien, las
relaciones entabladas entre Marx y los jóvenes hegelianos, se muestran de modo
caricaturesco, se puede captar un cuadro sentimental de la personalidad
marxiana, con ese temperamento arrollador acompañado de una brillantez
intelectual que siempre consignó en sus textos. En segundo lugar, de esa nueva
vida emprendida en París, quedó el encuentro maravilloso entre dos hombres
signados por la misma estrella, destinos cruzados que congeniaron por la
similaridad de ideas que supieron consignar de manera conjunta y por separado
de esos conceptos que iluminarían el cielo del comunismo. Engels, su compadre
de aventuras intelectuales, también se convirtió en mecenas para un genio
siempre acosado por las deudas. Ambos
caracteres, se esbozan correctamente en la película, no obstante algunos
diálogos suenan impostados con el ánimo de
hacer pronunciar de boca de los personajes frases grandilocuentes que
han quedado registradas en la historia del pensamiento moderno. Con el
liderazgo de ambos hombres, se emprenden proyectos filosóficos que ya habían
tenido antecedentes en algunos textos
escritos por separado, en Inglaterra y Alemania. De sus vidas privadas, se
pueden observar las diferentes disputas que tanto Marx, como Engels, sostienen
con las personas de su intimidad, el segundo, especialmente con su padre, un acaudalado
industrial quien nombra como apoderado de sus negocios a su revolucionario
hijo, de estirpe burguesa. En tercer lugar, el paso de una actuación
inicialmente filosófica a una militancia real, emprendida por sus encuentros
con Proudhon, un filósofo francés que todos encontraban como una especie de
gurú revolucionario, pero que las críticas mordaces de Marx y Engels,
destrozaron con la acidez que les caracterizaba en ese texto que tenía como
objetivo desvirtuar “la Filosofía de la miseria” y al que dan vuelta en su
escrito denominado “La miseria de la filosofía”. A esa primera crítica profunda
y sonora internacionalmente, se agrega el re direccionamiento de “La liga de
los justos”, un reducto revolucionario conformado por exiliados alemanes en
París, para quienes, estos “aparecidos intelectualoides” no ofrecían mayores
soluciones. No obstante, la elección como delegado belga de Engels en la
asamblea de socios, permitió el lanzamiento de una propuesta comunista que fue
abrazada con entusiasmo por la mayoría de los miembros. Este acto político es
una fusión absoluta entre los intelectuales que intentaban comprender el mundo
pero que ahora daban un paso más, intentaban transformarlo, según la famosa
frase de Feuerbach. De esta reconciliación filosófica surge glamoroso “El
Manifiesto del partido comunista”.
Esa serie de acontecimientos tan
prolíficos, se narran de manera condensada en una hora cincuenta y ocho
minutos, sin dar espacio apenas para la
reflexión. De la dirección de arte se destaca el vestuario bien logrado, las
buenas interpretaciones de los jóvenes actores August Diehl, y de Stefan
Konarske, quienes logran desarrollar una fuerza sobre pujadora de ambas
personalidades, aunque menos en el actor intérprete de Engels. Como película
histórica requiere de una preparación para comprender algunas ideas esbozadas.
Es un filme más para intelectuales que para un público general pese a que el
director logra captar el ambiente filosófico en el que nadan los personajes. La
idea queda clara, pero su ejecución adolece de las dificultades de mostrar un
argumento partido en pedazos de ideas que no acaban de comprenderse del todo.

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