Las vírgenes de la medialuna blanca


                                         De Denis Gamze Ergüven

Las películas de denuncia social corren el riesgo de ser consideradas como panfletos que aportan poco a la estética cinematográfica. A veces sí. A veces podemos encontrar verdaderas obras de arte que a la vez desnudan un conflicto social y a la vez son elaboraciones virtuosas desde el punto de vista audiovisual. “Mustang” lo es. Escrita por la guionista francesa de 40 años, Alice Winocouver y dirigida por la cineasta turca radicada en Francia, Denis Gamze Ergüven, esta obra impacta por varios ingredientes tales como su tema, su dirección de actores y su intencionalidad.

La cultura de ciertos territorios, de ciertos espacios geográficos y de ciertas regiones constituye un largo proceso socio-histórico que implica una serie de conflictos experienciales en donde distintos grupos humanos con lenguas distintas, con dialectos disímiles entre sí y con referentes míticos, incluso diferentes y opuestos, tienen existencia. La cultura no se impone, la cultura nace en fechas inciertas, transita por periodos históricos que, a veces no se puede caracterizar precisamente; la cultura parece morir,  algunas veces  parece renacer; en suma, es un complejo de ideas,  hábitos, prácticas, que surgen desde el interior de una comunidad y qué caracterizan a un modo de vida o a unos modos de vida. La cultura es el despliegue de cosmovisiones de diferentes grupos humanos con principios, valores y referentes comunes que los caracterizan y por los cuales son identificados interior y exteriormente. Por eso los juicios de valor emitidos por personas foráneas que no compartan o no hayan  experimentado esas formas de vida  a veces resultan superficiales. Si los criterios recaen en los “principios de orden universal” asociados ordinariamente  por la valoración de la funcionalidad o no de los derechos humanos, se está pasando por alto el contenido mismo de la cultura que se esté analizando.

A ese problema teórico y existencial responde  una película como “Mustang”. Su contexto es una pequeña localidad turca que hace cumplir unos preceptos de orden moral que son objetivados en la normatividad política. El argumento  es breve: cinco niñas de edades distintas cumplen su calendario escolar y se alistan para vivir el verano; su comportamiento al lado de los jovencitos no es muy bien visto por la sociedad. Su abuela más moderada y su tío autoritario, las encierran en la casa para evitar el contacto con alguna figura masculina perturbadora; la premura de su tío radica en el establecimiento de acuerdos matrimoniales para cada una de las niñas. En ese proceso, ocurren eventos desafortunados y algunos actos esperanzadores que desvelan parte de la cultura patriarcal que tienen los turcos y que quita libertad  a las mujeres de aquella zona.  Ese argumento constituye uno más de los cuadros culturales de ciertas sociedades en las que se constriñe sistemáticamente algunas libertades que son valoradas en occidente.  La facilidad que tienen los directores que tienen la oportunidad de salir de esos contextos  y reincorporar sus enseñanzas estético culturales no la tienen otros artistas para los cuales los regímenes políticos han considerado como peligrosos.

El tema de la película es típico de género. Su directora es una mujer que ha considerado denunciar unas realidades que son consideradas opresoras de libertades político- culturales. Si bien, el papel denunciante de la película parece ser el primordial, en cada una de las escenas se advierte una sensibilidad profundamente femenina, que se puede apreciar en su máximo esplendor en las reuniones de las niñas, cuando se realizan las demostraciones de afecto entre ellas. Hay solidaridad natural que  desprende un caudal de sentimientos delicados que recuerdan el hogar materno. Por ello, la mirada política parece convertirse en una crítica de orden exterior que resiente en todas su membranas, esa mirada femenina, pletórica de un complejo de emociones que sólo una mujer puede manifestar.

Su dirección de actores recrea unas interpretaciones sobrias pero contundentes. Las niñas que representan a unas jovencitas que expresan sus emociones naturalmente, delinean roles delicados. No parecen actrices que se ponen en la piel de otra persona sino que desde su misma expresividad cotidiana son capaces de construir signos capaces de darle vida a niñas reprimidas por las figuras patriarcales que exudan un machismo acendrado en un país que se debate entre Oriente y occidente, que culturalmente aún sigue defendiendo una conjunto de practica tribales que se han asentado en ciudades de cemento. Desde la mayorcita que puede desfogar su amor en brazos del hombre que quiere, hasta la que prefiere atentar contra su propia vida y la jovencita que decide huír de semejante opresión  con la ayuda de un muchacho que escapa a los imperativos de una sociedad en tránsito hacia otro tipo de concepción de derechos. Porque la película pretende no contar una historia en blanco y negro sino intercalar algunos matices.

La intencionalidad de la película es la de mostrar una realidad con ciertos atenuantes pero no lo consigue. Los planos iniciales de grupo introducen una visión de necesidad de crear vínculos entre las mismas mujeres para desmantelar una realidad adversa política y culturalmente. Estambul sigue siendo un faro de libertad incluso para los mismos habitantes de Turquía, especialmente para aquellos que habitan en las regiones marginales del país. Entre la tragedia y la esperanza, las mujeres siguen consideradas como prendas de intercambio por motivos que, anteriormente eran eminentemente económicos, ahora son plenamente tradicionales.

En un mundo acostumbrado a reivindicaciones políticas, económicas, y culturales de largos hilos de sangre, hay ciertas luchas que deben seguir dándose. El cine, hoy por hoy, es el principal medio de denuncia social por su gran captación de espectadores a lo largo y ancho del planeta. “Mustang” es una obra cinematográfica que además de la denuncia, nos lanza una propuesta estética valiosa. Su candidatura para el Oscar como mejor película en habla no inglesa es  merecida.

 

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