Dos días, una noche
No tan promocionados por la
prensa y la crítica comercial como los
hermanos Coen, Jean-Pierre y Luc Dardenne, son dos auténticos artistas que,
lejos de los millonarios productores norteamericanos, han sabido consolidar una
de las más sólidas carreras cinematográficas
en el campo fílmico. Con un
puñado de películas, algunas de ellas poco conocidas, incluso por cinéfilos,
ellos se han acostumbrado a los homenajes en Cannes, lugar en el cual, ocupan
un sitial importante. Tienen dos Palmas de Oro en ese festival por “Rosetta”(1999)
y “El niño” (2005), obras estás que sintetizan del mejor modo posible sus
grandes obsesiones temáticas: Las tensiones de parejas jóvenes que son víctimas de afugias económicas, las
encrucijadas de personajes que afrontan situaciones que implican dilemas éticos
y morales, la incertidumbre de lo que el futuro depara en medio de las grandes
urbes, la ignorancia y la confusión a
los que impele la vida por falta de
experiencia y criterio para sobrellevarla, las afectaciones de modelos
económicos en las vivencias de pareja, las consecuencias económico-culturales
de vivir en un país pobre de Europa como Bélgica, etc. En esas obras fílmicas,
los hermanos Dardenne ofrecen una fotografía descarnada de las condiciones
socioculturales que subyacen a personas
desprovistas de posibilidades mínimas de dignidad que les garantice la
supervivencia a mediano y largo plazo.
La más reciente película de estos
directores está protagonizada por la actriz francesa, Marion Cotillard, en la
que demuestra toda su calidad como artista. Lejos de ese retrato melodramático
de “La vida en rosa” esta vez, el papel que asume, demuestra la sobriedad, la
exigencia de interpretación y la buena caracterización de un rol al que quizás
el grueso del público no hubiera vinculado jamás. “Dos días, una noche”, es el
drama de una joven, casada, que debe convencer a sus compañeros de trabajo para
que rechacen un bono ofrecido por los jefes de una fábrica. Esta aceptación
implicaría el despido de la mujer por una reestructuración laboral emprendida
por la dirección. La historia, entonces, se torna en una odisea en la que Sandra lucha contra el tiempo pero
especialmente contra las decisiones tomadas por sus compañeros, con quienes ha
compartido vivencias y con los cuales tiene una historia de experiencias no muy
buena, aunque solidaria con otros.
“Dos días, una noche”, tiene un
ritmo parejo de principio a fin. La tensión manifestada por los juegos de
decisiones e incertidumbres muestra algunos rasgos de la condición humana,
entre ellos, esa profunda compasión que puede generar una situación adversa de
uno de los suyos. No obstante, también se evidencian comportamientos llenos de
egoísmo, de prevenciones solidificadas por roces antiguos y una entereza que vence
las manías y las adiciones que originan estados anímicos inconvenientes
en momentos en los que la lucidez y la calma se convierten en aliados imprescindibles.
Por momentos, aquella mujer, alentada por su esposo, siente que va a
desfallecer; por eso la obra es una película que muestra esa imperfectibilidad
humana que tal vez es su principal cualidad: la de la ambigüedad permanente,
que ante ciertas situaciones puede variar su punto de vista por el influjo de
las emociones que vamos engendrando dentro de nosotros. Como espectador uno
cambia su posicionamiento ante la obra por las perspectivas que asumen los
compañeros de Sandra, pero se
entiende y se justifica claramente la
lucha de esta mujer. Está en juego nada más ni nada menos que su subsistencia,
el trabajo que permite el sostenimiento de su familia.
En “El niño”, las situaciones
impregnaban de realismo las escenas en las que un joven padre de familia comete
una gran cantidad de desaciertos en relación con el cuidado de su hijo recién
nacido. Ante la mirada objetiva y fría todo lo que hace resulta equivocado y
reprochable, casi delictivo. Pero los directores dejaban ver una incapacidad
social de este joven para reaccionar frente a ciertas situaciones que implican
dosis medidas de responsabilidad. Por el contrario, en
“Dos días, una noche” los personajes de la película saben exactamente lo
que hacen, saben que de sus acciones puede depender la suerte de una madre de
familia que realiza un reclamo valido y en el cual el público toma partido.
Pero si se mira atentamente, se halla que la aspiración de los compañeros de
Sandra a ese bono prometido entraña una actitud válida y justa también.
Decir que la película es una obra
crítica contra el sistema capitalista y contra los medios de neoliberalización de la economía resulta un poco ligero. En el fondo
uno puede advertir que las condiciones en las que se encuentra gran parte de la
humanidad es una consecuencia de nuestras propias acciones. Las determinaciones
humanas son un producto de las malas decisiones de las cuales hombres y mujeres
de este mundo tenemos responsabilidad. Es
cierto que las condiciones macroeconómicas afectan nuestros rendimientos y
desempeños cotidianos como resultado de la esfera netamente productiva. Muchas
de las psicopatologías que nos aquejan, se pueden prevenir con modelos de
organización humana más incluyentes. Pero es fundamentalmente la voluntad de cada individuo el motor para revertir el
estado de cosas presente.
Sandra es una mujer que decide tomar su destino
por su propia mano. Mediante la convicción y con grandes dosis de apoyo
emocional, esta mujer emprende una cruzada antipopular por conseguir un ideal
razonable. Está en juego su supervivencia. Sandra es una de las heroínas
anónimas que no salen por los grandes medios de comunicación y que defiende la mejor de las empresas posibles:
la suya propia.

Comentarios
Publicar un comentario